Jesucristo el Consolador

Por: Dolly Martin

Algunos de nosotros hemos sentido el dolor de perder a un ser querido. Tal vez fue su madre o padre que fallecieron de una enfermedad o accidente. Tal vez fue un hermano o un abuelo. Cuando muere alguien que amamos, sentimos un vacío y una tristeza muy profunda. Cuando el Señor Jesús murió, todos los discípulos quedaron desconsolados. No lo podían creer. Su muerte los tomó por sorpresa. No lo esperaban y quedaron tristes, confusos. Por tres años Él había sido su maestro y le habían seguido fielmente a todas partes. Vivían con Él, dormían con Él, comían con Él y ministraban con Él. Todas sus vidas habían girado alrededor de Jesús y ahora que estaba muerto, se sentían como peces fuera del agua.

Jesús camina con ellos

Dos de los seguidores de Jesús salieron de Jerusalén hacia una aldea llamada Emaús que estaba a siete millas de distancia. Les llevaría tres horas caminando a paso normal. Era el tercer día desde que Jesús había muerto y estaban hablando de todo lo que había sucedido. En el camino, un hombre se les acerca y comienza a caminar con ellos y les pregunta “¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes”? (Lucas 24:17)

Uno de ellos, Cleopas, le pregunta si él no sabe todo lo que ha acontecido en los últimos tres días. El hombre es Jesús, pero con su nuevo cuerpo resucitado no lo reconocen. Jesús les pregunta: “¿Qué cosas?” Como un buen consejero, nuestro Señor sabía que ellos necesitaban desahogarse y les da la oportunidad para hacerlo.

Se desahogan

Los discípulos le cuentan de Jesús, quien fue un profeta, poderoso en palabras, y cómo los lideres lo entregaron a morir y lo crucificaron. Le cuentan la desilusión que sienten porque pensaban que Él iba a salvar a Israel. Además, le explican que este es el tercer día desde que Jesús murió y unas mujeres fueron a la tumba para poner especies sobre el cuerpo de Jesús y vieron la piedra removida dejando la tumba abierta. Entraron, no vieron el cuerpo de Jesús y estando perplejas por lo que había sucedido se les aparecieron dos ángeles que dijeron: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado” (Lucas 24:5-6).

Después que les ha dejado hablar y sacar todo lo que les agobiaba y acongojaba, Jesús, el gran consolador les dice “¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria”? (Lucas 24:25-26) Sus palabras suenan duras, pero era exactamente lo que ellos necesitaban escuchar para sacarles de su estado de depresión. Después, comenzando con los primeros libros de la Biblia escritos por Moisés y luego siguiendo por todo el Antiguo Testamento, Jesús les explicó los pasajes que hablan de Él. No sabemos cuáles pasajes citó Jesús, pero vale la pena recordar algunos de ellos.
Profecías acerca de Jesús

La ley de Moisés, los Salmos y los profetas

En el libro de Génesis, después del pecado de Adán y Eva, Dios promete que un día vendría un salvador nacido de una mujer para salvar a todos de sus pecados. (Génesis 3:15). Luego leemos en Salmo 34:20 que ningún hueso será quebrado. “El guarda todos sus huesos, ni uno de ellos será quebrantado.” El capítulo 53 de Isaías contiene tres profecías acerca de la muerte de Jesús. El versículo cinco dice que moriría por nuestros pecados. El versículo nueve dice que moriría con criminales y sería enterrado con los ricos.

Cuando llegaron a la aldea, ellos insistieron que Él se quedara con ellos. Las palabras de Jesús les había dado esperanza y querían escuchar más. Se sentaron a la mesa para comer y cuando partió el pan sus ojos fueron abiertos y lo reconocieron, pero Él desapareció. Al instante, su tristeza se convirtió en gozo al entender que el extranjero era Jesucristo. No estaba muerto. ¡Estaba vivo!

Todo el cansancio y la pesadez se les quitó e inmediatamente regresaron a Jerusalén. Tenían que contarles a los discípulos lo que les había sucedido y todo lo que el Señor les había dicho durante su caminata a Emaús. Cuando llegaron al aposento alto donde se estaban quedando los apóstoles, Cleopas les contó lo que les había sucedido y como lo habían reconocido cuando partió el pan. Mientras hablaban, Jesús apareció en medio de ellos y se asustaron pensando que era un fantasma.

Jesús les mostró sus manos, y sus pies diciendo: “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy”. Después les abrió la mente para comprender las Escrituras. Jesús les dijo, “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén”. (Lucas 24:46-47)

Ese mensaje de arrepentimiento y perdón de pecados es el que se sigue predicando con la esperanza que muchos crean en Jesucristo y reciban la nueva vida y la esperanza que Él ofrece. Si usted nunca ha tomado este paso de fe, Jesús le está llamando y espera pacientemente por su respuesta. Acepte al Señor Jesús como su Salvador y experimentará el mismo gozo y consolación que los primeros discípulos recibieron al creer el mensaje del Jesús resucitado. Feliz día de resurrección.