“…que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo…”

Por Miguel Jacinto

"Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo..." Romanos 12:1

Un día, un agricultor se aproximó a su amado bambú y con profundo sentimiento le dijo: -"Querido bambú, yo necesito de ti”. El bambú respondió: -"Señor, estoy dispuesto; haz de mí lo que quieras". El señor deshojó, el señor arrancó, el señor partió, el señor sacó el corazón. Después llevó al bambú y lo puso en medio de un árido campo y cerca de una fuente donde brotaba agua fresca. Ahí el Señor acostó cuidadosamente en el suelo a su querido bambú; ató una de las extremidades de su tallo a la fuente y la otra la orientó hacia el campo. La fuente cantó dando la bienvenida al bambú. Las aguas cristalinas se precipitaron alegres a través del cuerpo despedazado del bambú. Ahí se sembró trigo, maíz, soya y se cultivó una huerta. Los días pasaron y los sembradíos brotaron, crecieron y todo se volvió verde... y vino el tiempo de cosecha. Así, el tan maravilloso bambú de antes, en su despojo, en su muerte y en su humildad, se transformó en una gran bendición para toda aquella región.

En los primeros once capítulos de Romanos, Pablo establece la culpabilidad de pecado de todos los hombres. Luego expone las misericordias de Dios para la humanidad al enviar a Su Hijo Jesucristo a morir en una cruz para obtener el perdón de los pecados y declarar no culpable a todo aquel que confía en Él como Señor y Salvador. Pablo enfatiza el hecho de que Dios ya ha hecho todo para salvar a la humanidad mediante el sacrificio perfecto de su amado Hijo.

En los capítulos 12 al 16 de la epístola, el apóstol Pablo exhorta a los cristianos a presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Esto tiene sentido, ya que el primer y mas grande mandamiento que Dios nos da es amarle a Él con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y sobre todas las cosas. No podemos ser usados por Dios a menos que nos ofrezcamos voluntariamente en "sacrificio". Dios quiere que sometamos nuestros deseos físicos, emocionales y espirituales a su voluntad para que podamos traer honra y gloria a Su Santo Nombre.

Hay tres adjetivos que modifican a la palabra "sacrificio", estos son: vivo, santo y agradable a Dios. El tipo de sacrificio que Dios demanda no es por nuestro pecado, ese sacrificio ya fue efectuado por Jesucristo en la cruz. Lo que Dios nos pide es que al ser salvos por la gracia y misericordia de Dios, consagremos voluntaria y completamente nuestros cuerpos para su servicio. Cada miembro de nuestros cuerpos debe estar sujeto completamente para hacer lo que Dios manda.

El sacrificio "santo", se refiere a apartar nuestros cuerpos de todo mal. Esto incluye alejarnos de todo pecado que la cultura o sociedad quiera imponernos, tales como el mentir, robar, la avaricia, toda especie de inmoralidad sexual, etc. El sacrificio "agradable", es convertirnos en instrumentos de Su amor y Su gracia para llevar a las personas a los pies de Cristo de manera que sean salvas y animarlas a que también se conviertan en santos siervos y siervas del Todopoderoso Dios.

Al igual que el bambú estuvo dispuesto a sacrificarse para su dueño, los cristianos debemos primeramente adorar a Dios con nuestras vidas. Luego Dios nos capacitará para poder servir a los demás donde, como y cuando Él quiera. Si servimos a los demás sin que hayamos ofrecido nuestras vidas en sumisión viva, santa y agradable a Dios, seremos como los "sepulcros blanqueados" a los cuales Jesús condenó. De esto se trata en la práctica el Primero y el Segundo gran Mandamiento: amar a Dios primero y luego a nuestro prójimo. No invirtamos el orden establecido por Dios. ¡Feliz Mes del Amor y la Amistad!