mas la dádiva de Dios es vida eterna

Por: Miguel Jacinto

"Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro." (Romanos 6:23)

Las pirámides egipcias son famosas porque contienen los cuerpos momificados de los antiguos potentados egipcios. La abadía de Westminster, en la ciudad de Londres, Inglaterra, es renombrada porque en ella descansan los restos de la nobleza inglesa. El Cementerio de Arlington en la ciudad de Washington, Distrito de Columbia, Estados Unidos es reverenciado porque es el honroso lugar donde descansan los restos de muchos americanos prominentes. Pero lo que tienen en común todos estos lugares es que contienen personas muertas.

Dios advirtió a nuestros primeros padres acerca de la muerte en Génesis diciendo: “mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” (Génesis 2:17) Adán y Eva murieron desde aquel día en que desobedecieron a Dios. Su muerte espiritual ocurrió al instante, luego murieron físicamente. La muerte espiritual ocurrió cuando Adán y Evan fueron separados o expulsados de la presencia de su Creador. Dios no se volvió a comunicar directamente con nuestros padres como lo solía hacer en el Jardín del Edén. La muerte física vino lentamente a través de los años pero ocurrió tal y como Dios lo había anunciado. Adán y Eva murieron y fueron sepultados. Desde entonces todos sus descendientes nacemos condenados a las mismas muertes.

El apóstol Pablo nos recuerda: “Porque la paga del pecado es la muerte”. La palabra “paga”, se traduce como “salario o recompensa”. Esto quiere decir que el salario de nuestro pecado es la muerte. No importa lo que hagamos, estamos infectados por el pecado. Nuestra tendencia natural es hacer lo malo. Pablo agrega: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. (Romanos 3:23) La raza humana completa está bajo la maldición del pecado. El profeta Ezequiel también nos enseña que cada individuo es responsable por su pecado:”El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él”. (Ezequiel 18:20)

Pero la maravilla del Evangelio es que, a pesar de que somos pecadores y merecemos el castigo de Dios, Dios nos ofrece vida eterna a través de Cristo Jesús. Pablo escribe a los romanos diciendo: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. (Romanos 5:8) Esto significa que cada ser humano que reconoce que su pecado lo condena al castigo eterno de Dios, pero confía en el sacrificio de Jesús en la cruz, es salvo de la condenación de su pecado, además de recibir vida eterna. Este es el glorioso mensaje de salvación en Cristo Jesús. No le agregue ni le quite. Pida a Dios que perdone todos sus pecados y dígale que confía en Jesús como su Señor y Salvador para recibir vida eterna. ¡Feliz Semana Santa!