“Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35).

Por Miguel Jacinto

En el comedor estudiantil de una universidad alemana, una alumna rubia adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para recogerlos. Al regresar, descubre que un chico negro se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja. De entrada, la joven se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro.

Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta…

Esta anécdota realmente sucedió, y aunque podemos aprender muchos principios, quiero enfatizar el mas grande de todos que es la generosidad. La gran mayoría de la juventud actual se ha acostumbrado a recibir mucho y dar muy poco o nada. Los niños exigen que sus padres llenen sus closets de ropa de marca de todos los colores y para cada época del año. Esperan que el refrigerador esté lleno y la despensa completamente surtida. Las jovencitas piden su fiesta de “quiceñeras” que cuestan miles de dólares. Los jóvenes quieren el auto deportivo que atraiga las miradas de las chicas y que sea la envidia de sus amigos. Esperan tener una supercomputadora personal, Internet inalámbrica, y otros accesorios similares de “Gran Necesidad”. Creen que los padres tienen la responsabilidad de darles todo lo que desean porque ellos no pidieron venir a este mundo.

A cambio los padres reciben, la desobediencia, la insolencia y la pereza desmedida para ayudar en los quehaceres del hogar. El índice de deserción escolar se ha disparado hasta los cielos. La juventud actual se dirige a un despeñadero físico, emocional, moral, y espiritual. Se niegan a responsabilizarse por las malas decisiones que toman echándole la culpa a todo y a todos menos a ellos. Pero lo mas grave de todo esto, es que los psicólogos y los sociólogos abogan para que no se les someta a un cambio de mentalidad porque podría ocasionarles traumas de grandes proporciones.

El apóstol Pablo nos recuerda que Jesús una vez dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35). Jesús nos da la solución a este problema. El principio radica en que necesitamos enfocarnos en las necesidades de los demás, en lugar de encerrarnos en la cárcel del egocentrismo. Dios nos enseña que la verdadera felicidad y plenitud de nuestra vida radica en aprender a dar generosamente a los que se encuentran en verdadera necesidad.

Jesús ejemplifica este principio universal entregando su propia vida para beneficio de todos nosotros. Pablo también escribe respecto a Jesús diciendo: “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. (Filipenses 2:6-9) Jesús murió para salvarnos de la condenación eterna de nuestro pecado y para darnos vida eterna.