Esperamos cielos nuevos y tierra nueva

Por: Miguel Jacinto

"Pero esperamos cielos nuevos y tierra nueva, según sus Promesas, en los cuales mora la justicia". ( 2 Pedro 3:13)

Se cuenta que un día un cisne aterrizó a las orillas del agua donde estaba una grulla buscando caracoles. Por unos momentos la grulla miraba al cisne con asombro y luego le preguntó:  “¿Oye, y tu de dónde vienes?” “Vengo del cielo”, contesta el cisne. “¿Y como es el cielo?”, pregunta la grulla. El cisne empieza a describir la grandeza de la eterna ciudad.  Le contó acerca de las calles de oro, y las puertas y muros hechos de piedras preciosas…el río de la vida, puro como cristal…el árbol de la vida en cuyas hojas habrá sanidad para las naciones. El cisne intentó describir todo acerca del cielo pero sin tener el menor efecto sobre la grulla. Al final la grulla pregunta, “¿Y habrá caracoles en el cielo?” “¡Por su puesto que no!”, responde el cisne. “Entonces, tu puedes quedarte con tu cielo.  ¡Lo que yo quiero son caracoles!”.

La Biblia establece que Dios creó los cielos y la tierra con el poder de Su Palabra según el relato del Génesis. En el sexto día Dios creó al hombre de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida. Luego hizo dormir a Adán y tomo una de sus costillas, con la cual creó a Eva. Después de presentársela a Adán, los bendijo y les ordenó a multiplicarse y gobernar sobre el resto de la Creación. Ambos habitaban en el huerto que Dios había creado para que lo labrasen. Hasta aquí todo suena bien, pero la historia continúa, y nos cuenta que Adán desobedeció a Dios y fue expulsado de ese hermoso lugar. A partir de allí, comienza el dolor, el sufrimiento y la degradación del ser humano y del resto de la Creación.

En la actualidad, el ser humano y la creación se han degradado física, moral y espiritualmente a tal grado que todo está a punto de colapsar. El apóstol Pedro nos advierte diciendo: “pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos”. (2 Pedro 3:7) Esto sucederá después de que Jesucristo haya venido a rescatar a su Iglesia para llevarla a morar en los cielos, mientras destruye con fuego el universo actual.

Pero los creyentes en Jesucristo esperamos cielos nuevos y tierra nueva, según las promesas de Dios. El vocablo griego “Kainos”, que se traduce “nuevos,” indica que se trata de “nueva sustancia y calidad”.  El primer cielo y la primera tierra serán destruidos completamente para dar lugar a un nuevo cielo y una nueva tierra en sustancia y calidad superior. Esto está en consonancia directa con la muerte y resurrección del Señor Jesucristo. Su cuerpo terrenal sufrió el dolor y flagelo de la muerte, pero al tercer día su cuerpo fue glorificado.  Su primer cuerpo era material y temporal. Su segundo cuerpo es celestial capaz de resistir la eternidad y su gloriosa majestad.

La buena noticia es que usted puede ser parte de esa nueva creación por medio de nuestro Señor Jesucristo. Jesús nos dice: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.” (Juan 3:36) “Creer” significa confiar en el sacrificio que Él realizó en la cruz del Calvario para salvarnos de nuestros pecados. Cuando confiamos en Jesús como nuestro Señor y Salvador personal obtenemos la vida eterna y se nos garantiza que estaremos con Jesús en los cielos nuevos y la tierra nueva.