El Síndrome de “DAME”

Por Dolly Martin

Una madre recientemente me llamó diciendo, “Puede por favor orar por mi hijo? Tiene 25 años y no está trabajando. Sufre de ansiedad y depresión y por eso no sale a buscar trabajo.” El siguiente día otra madre me relató un caso similar con su hijo de 24 años que sufre de diabetes y se pasa el día solo encerrado en su cuarto y se niega a pagar sus préstamos escolares. Su padre tiene tres trabajos para tratar de solventar los gastos de la familia.

Estos no son casos aislados. Prevalece un espíritu destructivo de desinterés por contribuir a la familia o la sociedad. Muchos han adoptado la filosofía de que sólo buscan satisfacer sus propios intereses en vez de trabajar para el bien de otros. Una maestra anunció a sus alumnos, “A mi no me importa si aprenden o no o incluso si se duermen durante la clase. A mi me pagan igual.”

¿De donde han adoptado esta actitud de sólo pensar en si mismos e ignorar las necesidades de otros? Muchos lo aprendieron en casa escuchando a sus padres quejarse de que el gobierno es rico y debe ayudar a los que tienen menos. Son ellos los que mienten en las solicitudes donde piden ayuda del gobierno para CHIP, estampillas, y en su declaración de impuestos. Los jóvenes adoptan la misma actitud de “yo lo merezco” pero lo llevan al extremo de no contribuir al bienestar de la familia. Sus padres se aprovechan del gobierno, pero los hijos se aprovechan de sus padres. Es el mismo pecado de egoísmo y pensar que el trabajo es un castigo.

En realidad, cuando Dios creó la Tierra, Él se la entregó a Adán y Eva, para que ellos fueran los mayordomos de todo. Les dio el trabajo de cultivar la tierra y cuidar de los animales. Leemos de la conversación que Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo tuvieron entre sí antes de crear a Adán. Dice Génesis 1:26, “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”.

Adán fue el primer administrador de empresa. La empresa era la tierra y él tenía que reportar a diario a Dios acerca de cómo iban los cultivos, y como estaban creciendo las manadas de animales. El trabajo no era un castigo como algunos lo creen. Al contrario, era una bendición; una gran e importante responsabilidad que Dios le regaló a Adán sabiendo que le iba a gustar y que haría un buen trabajo.

El trabajo no solo es algo bueno, agradable y necesario para la vida, sino que contribuye a un estado mental saludable y equilibrado. Cuando uno se esfuerza para cumplir la tarea que está en sus manos, eso le evita estar pensando cosas negativas y dañinas que pueden llevarle a acciones perjudiciales. Hay un dicho que se atribuye a Chaucer que dice: “las manos ociosas son el taller del diablo”.

Dios habla muchísimo en la Biblia acerca de las virtudes del trabajo y las consecuencias de ser perezoso. En Proverbios 12:24 por ejemplo dice, “La mano de los diligentes gobernará, pero la indolencia será sujeta a trabajos forzados”. (LBLA) Todos los que vivieron en Cuba durante la revolución experimentaron el trabajo forzado después que el gobierno confiscó toda propiedad privada. Para ellos no fue nada agradable y llevó a la gente a robar de sus trabajos y vender productos en el mercado negro.

El recurso de este mes es el testimonio del Pastor David Deulofeu que comparte las atrocidades que sufrieron los Cristianos en Cuba. Los cubanos fueron engañados con la idea de que el socialismo y comunismo eran algo bueno y que todos serían más felices bajo ese régimen. Muchos se lo creyeron y cooperaron entusiasmadamente con el gobierno pero luego vieron que en realidad terminaron siendo más pobres, más miserables, más tristes que antes y esclavos del gobierno.

El apóstol Pablo escribe la regla de Dios acerca del trabajo en 2 Tesalonicenses 3:10, Porque, incluso cuando estábamos con ustedes, les ordenamos: «El que no quiera trabajar, que tampoco coma». (NVI). Dios no nos manda trabajar para castigarnos, lo hace porque sabe que el trabajo mantiene a nuestras manos y mentes ocupadas en cosas productivas y nos protege de actos o pensamientos dañinos.

Si usted tiene trabajo, déle gracias a Dios por esa bendición y sea diligente. Dice en Colosenses 3:23-24, “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia. Es a Cristo el Señor a quien servís”. No seamos como esa maestra que cobra su cheque sin importar como hace su trabajo. Ella piensa que esta siendo muy inteligente al “usar” al sistema para su propio beneficio. Dios está tomando nota de su actitud y tarde o temprano ella se enfrentará al Señor, Quien le pedirá cuenta de su trabajo.

Algunos se sorprenderán en el día final cuando el Señor les llame a dar cuentas y escucharán al Señor decir: “siervo malo y perezoso”. En Mateo 25, el Señor Jesús cuenta la parábola de los talentos donde el mayordomo castiga al siervo malo diciendo, “Y al siervo inútil, echadlo en las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes”. (Mateo 25:30)

No sea usted como ese siervo malo. Sirva al Señor con todo su corazón y escuchará estas palabras, “Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” (Mateo 25:23).