Anticipando el Cielo

Por: Dolly Martin

El cuarto del hospital de Milly estaba lleno de personas que la amaban y deseaban estar con ella en lo que pensaban eran sus últimas horas de vida. Aunque el cirujano estaba a punto de hacerle una cesaria de emergencia, no le daban muchas esperanzas de vida a Milly y a su bebé de seis meses de gestación. Estaba sufriendo de preclampsia y su presión arterial había subido a 300.

Pero Milly no estaba preocupada porque ella tenía una fe absoluta en Dios que la llenaba de esperanza. De repente, Milly vió un jardín de flores con colores que eran más brillantes que jamás había visto en la tierra. No era un sueño, porque ella veía a su esposo y a sus seres queridos rodeándola en el cuarto pero a la vez estaba viendo este precioso jardín de flores, árboles, plantas y la escena le llenó de alegría y paz. Nunca había visto algo tan bello.

Cuando le describió la escena a su esposo, él pensó que estaba alucinando. A los pocos minutos le llevaron a la sala de operaciones y gracias a Dios, tanto ella como su hijo sobrevivieron. Aunque Abraham nació prematuramente a seis meses y pesando solo tres libras, ambos se recuperaron completamente y ahora él es un joven sano de 14 años.

La visión que Milly tuvo del cielo no es del todo fuera de lo común. Recuerdo haber leído de una anciana que estaba en sus últimos días cuando vino su pastor a visitarla. El pastor la notó muy angustiada y le preguntó si tenía miedo de morir. La ancianita había caminado con el Señor desde su juventud por lo que afirmó que no temía la muerte. “¿Entonces que es lo que la está incomodando?” preguntó el pastor. Ella le explicó que no sabía lo que debía decirles a los dos hombres vestidos de blanco que estaban al pie de su cama. El clero sonrió y le contesto, “Solo diles que estás lista para irte.” La mujer humilde se llenó de paz y a las pocas horas pasó a su eterno hogar.

El gran predicador del siglo veinte, Dwight L. Moody escribe un relato de cuando la cortina entre el cielo y la tierra se abrió. Un muchacho moribundo señalando la ventana de su cuarto dijo: “¿No ves aquellas montañas, mamita?” “No, hijito mío; no hay montañas que ver.” “Mamita, ¿no oíste los ángeles en las montañas?” “No hijito, vida de mi alma; no escuché nada.” Después de unos minutos el joven exclamó: “Adiós, mamacita, Jesucristo ha venido por mí para llevarme a través de las montañas!”

Dios abrió las cortinas de lo invisible para dar al moribundo una vista del más allá. Lo mismo le sucedió a Esteban, pues vio a Cristo en el Cielo. Así ha ocurrido con muchísimos creyentes en la hora de su muerte.

El Sr. Moody, en los últimos momentos de su vida, miraba a la muerte cara a cara sin temor ninguno. Temprano en la mañana de su último día en la tierra, su hijo Bill, que le velaba, le oyó decir: “La tierra retrocede, el cielo se abre, Dios me está llamando.” Bill llamó a los demás miembros de la familia. Abrió los ojos el enfermo y al verse rodeado de su familia dijo: “He estado ya dentro de las puertas. He visto el rostro de los niños (se refería a la cara de dos nietos que hacía poco habían muerto.) Este es el día de mi coronación. Hace tiempo que lo esperaba.” (Tomado de la Enciclopedia de Anécdotas e Ilustraciones, páginas 507 y 518)

¿Tiene usted la seguridad de ir al cielo cuando muera? En Hebreos 11:10 leemos que Dios es el arquitecto y constructor del cielo y en Juan 14:1-3 Jesús nos dice que Él lo está preparando para todos los que han puesto su confianza en Él. Si usted no ha tomado ese paso de fe en el Señor Jesucristo, no sabe la paz, el gozo y la esperanza que se está perdiendo. Además, si sigue en incredulidad, no habrá lugar para usted en el cielo cuando muera.

El cielo es donde los que hemos caminado con Jesús por fe en este mundo podemos continuar caminando con Él por toda la eternidad. Si usted escoge caminar sin Dios en esta vida, entonces no se engañe pensando que Dios lo aceptará en el cielo. Esta vida es un preámbulo a lo que viviremos allá.

Le invito a tomar unos minutos ahora para hablar con Dios para decirle que usted se arrepiente de sus pecados y que quiere aceptar la oferta de vida eterna que Él le ofrece en la persona de Jesús. Él lo está esperando.