Las Lecciones Aprendidas del COVID

Por: Dolly Martin

No me dio tos, no perdí el gusto ni el olfato y apenas tuve unos días de fiebre y congestión. Doy muchísimas gracias a Dios que Él me protegió de sufrir los malestares fuertes que muchos otros experimentaron con el COVID-19. Pero Dios permitió que yo fuera contagiada porque quería podarme y limpiar mi alma de hábitos carnales que estaban arraigados en mi ser.

La Impaciencia
Al cabo de 11 días, fui a hacerme una prueba para ver si ya podía regresar a la vida normal. Aunque toda mi energía no había regresado, ya no tenía fiebre ni congestión y tenía mucha fe en que ya estaba sana. Cuando llegó el resultado positivo, me sentí muy molesta. Deseaba volver a servir al Señor tanto en la iglesia como en la radio y ahora me tocaba esperar otra semana en casa sin poder salir. Gracias a Dios, mi querido esposo no se contagió y me animó a ver el lado positivo de este encierro. No estaba en el hospital, no estaba confinada a mi cama y mi jefe me había enviado el equipo necesario para trabajar al aire desde casa. Le pedí perdón al Señor por mi impaciencia y le di gracias por la tecnología que me permitía retomar algunos de mis cargos en la radio.

Ocho días más tarde volví a hacerme la prueba. Seguía con menos energía, me cansaba con rapidez, pero no quería aceptar la posibilidad de que el virus todavía estaba en mi cuerpo. Tenía el presentimiento de que los resultados seguirían positivos y efectivamente fue así. La pobre enfermera que me dio los resultados escuchó mi frustración. Le pregunté si podría ser un error y ella me aseguró que no. Ese día fue uno de mucha introspección, meditación y oración. No podía creer que estaría otros siete días en casa sin poder salir. Dios me podría haber sanado, podría hacer que esa prueba saliera negativa, pero no lo hizo. ¿Qué me estaba tratando de enseñar el Señor?

Watchman Nee
Había comenzado a llenar mis horas libres con la lectura de la Biblia y de biografías de grandes héroes de la fe. Una de estas era la biografía del conocido Pastor Chino llamado Watchman Nee que pasó los últimos 20 años de su vida en una prisión comunista debido a su fe cristiana. Durante sus años como evangelista, antes de ser encarcelado, él pasaba muchas horas por día leyendo y estudiando la Biblia. Nee tenía el hábito de leer todo el Nuevo Testamento cada mes. Decidí hacer eso durante el mes de diciembre y ver el resultado.

Mi esposo me dijo que tendría que leer un promedio de nueve capítulos por día para terminar de leer el Nuevo Testamento en 31 días. Algunos días leí más y otros leí menos pero la Palabra comenzó de inmediato a hacer su trabajo. Hebreos 4:12 dice, “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.

Quitando Impurezas
Aunque he sido creyente desde los siete años, era impulsiva, impaciente, e incluso dada a arranques de ira cuando las cosas no salían como yo anticipaba. Había luchado con estos pecados pero nunca los había podido conquistar. Este encierro era algo que estaba completamente fuera de mi control, pero al final me di cuenta de que el Señor lo estaba usando para limarme y quitar las impurezas en mi carácter. Comencé a disfrutar del encierro y a agradecer al Señor por mantenerme encerrada hasta que Él pudiera quitar las asperezas de mi personalidad.

El Señor dijo en Mateo 11:29, “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.” Yo no era mansa ni humilde de corazón y por eso mi alma no tenía descanso. Medité mucho, confesé mucho y comencé a entender lo que significa “esperar” en el Señor. Aprendí a dejar que Él tomara el control de mi salud, mi trabajo, y mi ministerio. Él no tenía apuro para que regresara a mi rutina normal. Su prioridad era completar la obra que había comenzado en mi como dice Filipenses 1:6.

Crecimiento Espiritual
Doy tantas gracias al Señor que me permitió caer enferma con el coronavirus. El encierro fue un tiempo de crecimiento espiritual y espero que las lecciones aprendidas me duren hasta que el Señor venga o me llame a Su presencia.

Si usted es un hijo de Dios, recuerde que Él tiene el control de todo lo que nos sucede y como dice Romanos 8:28, “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

Si usted no es un hijo de Dios todavía, el Señor lo quiere adoptar para que forme parte de Su familia. Acepte al Señor Jesucristo como su Salvador y usted recibirá el perdón de sus pecados. Además, gozará de todos los derechos y privilegios de ser un hijo de Dios. No hay mejor manera de comenzar el 2021 que abriendo su corazón al Señor. ¡Feliz Año Nuevo!