El Enemigo Silencioso

Por: Dolly Martin

El virus COVID-19 ha cambiado la vida de todos en todo el mundo. El “enemigo silencioso” ha llegado y ha infectado aun las poblaciones de las islas remotas de Grecia y del Pacifico. En dondequiera que aparece un caso del virus, se implementan medidas estrictas para contener su propagación. Todos hemos aprendido la importancia de lavarnos las manos continuamente y lavarlas BIEN.

El aislamiento de nuestros restaurantes favoritos o lugares de diversión ha sido un sacrificio para todos, y nos ha obligado a pasar más tiempo en familia donde el ambiente es “seguro” y el riesgo de contagio es mínimo. Este aislamiento ha provocado ansiedad en las personas no están acostumbradas a estar solas. Ya se está registrando un incremento en casos de depresión y en intentos de suicidio.

Además, el temor de ser contagiado, el desempleo, y la depresión por estar encerrados ha sido una combinación de factores a la que algunos no se han adaptado fácilmente. En un tiempo cuando deberíamos estar tranquilos, descansando en casa, el estrés de muchos ha subido.

Buscar a Dios
Nuestro mundo está de cabeza y no sabemos cuando regresará a la normalidad. Hay muchas preguntas y pocas respuestas. Este es un tiempo de incertidumbre en el que tenemos que vivir un día a la vez con la fe puesta en Dios de que un día vamos a salir de esta crisis.

Para algunos es la primera vez que piensan en Dios. Nunca habían enfrentado un enemigo tan grande que les obligara a buscar la ayuda del Todopoderoso. En ese sentido, el Coronavirus es un mal que el Señor está usando para nuestro bien. Si este virus nos lleva a buscar a Dios y a alinear nuestras vidas con Sus propósitos para nosotros, entonces terminará siendo tremendamente beneficioso.

Otro Enemigo Silencioso
Hay otro enemigo silencioso que es aun más peligroso que el COVID-19 y tiene una tasa de mortalidad de 100%. Este enemigo ya nos ha infectado a todos. Nacemos infectados y todos moriremos de él si no recibimos el tratamiento adecuado. Estoy hablando del pecado. En Su Palabra, Dios dice, “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” (Romanos 3:23) Dios no trata de minimizar la seriedad de la situación. Nos dice que tenemos pecado y nos dice que estamos “destituidos” de la presencia de Dios. La palabra “destituir” también se traduce “no alcanzar”. La idea es que de la misma manera que se le niega la entrada a alguien que tiene el Coronavirus, Dios le niega la entrada a Su casa a alguien que tiene pecado. El Coronavirus es un enemigo del que huimos y el pecado es un enemigo al que Dios también cierra Su puerta.

Tratamiento
Las buenas noticias son que Dios ha provisto el tratamiento para el pecado. Dice en 1 Juan 1:7, “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. Tenemos que aplicar la sangre de Jesucristo a nuestra vida para ser lavados y limpiados de todo pecado. Es la única cura. No hay otra. Por más que tratemos de portarnos bien, no podemos borrar el pecado con que hemos nacido. Dios dice en Hebreos 9:22, “Y según la ley, casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón”. (LBLA)

La sangre de Jesucristo, derramada en la cruz es el antídoto para el mal del pecado. Él murió y resucitó al tercer día comprobando al mundo que es Dios y está sentado ahora a la mano derecha del Padre. Un día todos moriremos y queramos o no, vamos a encontrarnos cara a cara con el Juez de Jueces, el Creador del universo, el gran “Yo Soy”. “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”. (Hebreos 9:27) Él nos va a examinar para ver si recibimos el tratamiento que Él formuló para borrar el pecado. Si no lo hemos recibido, no habrá excusa que valga para hacer cambiar el corazón de Dios. Dictará sentencia sobre nosotros y seremos echados al lago de fuego donde quedaremos para toda la eternidad. “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”. (Apocalipsis 20:15)

La Decisión
¿Quisiera usted recibir el tratamiento del Señor para borrar su pecado? Es gratis y todo lo que tiene que hacer es recibirlo. Jesucristo no rechaza a nadie. Él dijo, “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.” El Padre está llamándole y apuntándole a Jesucristo. Jesucristo está con el corazón dispuesto para recibirlo. Solo falta que usted tome la decisión de ir a Él. Él le limpiará y le adoptará como su propio hijo y pondrá un sello sobre su vida declarándole “sano del pecado.” ¿Cuál será su decisión?