“…sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”

Por: Miguel Jacinto

"Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor."  Efesios 6:4 (RVR1960)

En los tiempos bíblicos la educación comenzaba en el hogar. Los padres enseñaban la ley y los profetas a sus hijos, además de heredarles su vocación o profesión. Las hijas eran entrenadas por las madres para ocuparse de los quehaceres del hogar. Aprendían la cocina, la limpieza y la administración de las artes hogareñas. En la cultura israelita solamente los varones asistían a la sinagoga para aprender a leer y a escribir. Las niñas aprendían en casa a leer y escribir. En el nuevo Testamento,  las cosas no cambiaron mucho, aunque el cristianismo ayudó mucho en la igualdad de la educación tanto para los varones como para las mujeres.

La Biblia dice mucho acerca del proceso de la educación, y comienza con los padres y el niño. El mandato a los padres es criar a sus hijos en el Señor. (Efesios 6:4)  La palabra griega “paideia” (“criar”) conlleva la idea de formación, educación, instrucción y disciplina. Al aprender los niños acerca de Dios, se les da la oportunidad de honrar a sus padres con sabiduría, y la base de ese honor es el proceso en curso de la educación y la aplicación de lo aprendido. Dios ordena a los padres a ser los responsables primarios en la educación de los hijos para prevenir que los hijos se desvíen de la verdad y del camino recto.

Lamentablemente, los padres en la actualidad han dejado la educación en manos de extraños, llámese: guarderías, colegios privados o educación pública. Todos ellos tienen su uso, pero nunca deben ser el sustituto de la educación hogareña. Hoy en día, la educación ha sido asaltada y secuestrada por una agenda destructiva moral y espiritual que está llevando a nuestros hijos a su autodestrucción. Los maestros han perdido toda autoridad moral y espiritual que les impide formar hombres y mujeres de bien. De hecho, los maestros están más interesados en promover la tolerancia sexual que las matemáticas, las ciencias naturales o sociales.

No quiero sonar ni parecer simplista, pero Dios nos ha dejado el fundamento para la educación exitosa. Las Sagradas Escrituras son la herramienta y el texto que debemos usar para enseñar a nuestros niños todo lo relacionado con el amor, la verdad y los principios morales y espirituales que necesitan para esta vida y la venidera. Las matemáticas y las ciencias deben estudiarse a la luz de una cosmovisión cristiana. La más pura educación que podemos heredar a nuestros hijos e hijas es lo que Jesús dijo acerca de la ley y los profetas: amar a Dios y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. ¡Feliz Regreso A Clases!