Preparando para el Fin

El grupo terrorista Al-Qaeda que planeó y ejecutó el ataque contra Estados Unidos el 11 de septiembre del 2001 no estaba dirigido por aprendices. Estaban muy bien organizados, financiados, y cada uno tenía muy claro cual era su misión: destruir a los Estados Unidos. Muchos en el Medio Oriente consideran a Israel su principal enemigo pero para destruir a Israel, tienen que debilitar o incapacitar a su principal aliado: los Estados Unidos. 

    Gracias a Dios no lograron su objetivo el 11 de septiembre, 2001 pero no hay duda que algún día volverán a intentarlo. Y algún día lo lograrán. Lo sabemos porque la Palabra de Dios nos dice lo que sucederá en los últimos tiempos. Todas las naciones rodearán a Israel para hacer guerra contra él. No habrá ningún país que lo defienda. La Escritura no dice como, pero de alguna manera los Estados Unidos ya no estará allí para defender el estado de Israel. Sin embargo, Dios no abandona a Su pueblo y Jesucristo mismo desciende con su ejército vestido de blanco y vence al anticristo, y al falso profeta, los cuales son lanzados vivos al lago de fuego. 

    El diablo será atado con cadenas y puesto en el abismo por 1,000 años y luego saldrá para una batalla final contra el Cordero de Dios. Una vez más, la serpiente, el dragón, ese viejo enemigo de Dios es vencido y esta vez él es lanzado al lago que arde con fuego y azufre donde le hace compañía al anticristo y el falso profeta. Después, todos los seres humanos, vivos y muertos, comparecen delante del Gran Trono Blanco donde son juzgados según sus obras. El libro de Apocalipsis dice que los libros son abiertos y en particular, el libro de la vida. El Todopoderoso examina a cada persona individualmente para ver si obedecieron la ley de Dios completamente. 

    Todas las religiones del mundo enseñan a sus seguidores a practicar las buenas obras para ganar aceptación y justificación ante el Gran Yo Soy. Tal vez usted está contando con tener más buenas obras que malas para ser aceptado por Dios.  Sin embargo, vea lo que dice el Señor en Romanos 3:20: “Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él”. Léalo de nuevo. “Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él.” 

    Nadie será declarado justo y candidato para entrar al cielo por medio de observar la ley porque el estándar de Dios es la perfección. Recuerde que Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén por cometer un pecado. Uno. No diez, ni mil, o un millón. Uno. Dios solo tenía un mandato y ellos lo desobedecieron. Uno pensaría que Dios les daría otra oportunidad pero no lo hizo. ¿Por qué? ¿Es Dios demasiado estricto, severo, inflexible? No. Dios es santo y habita en santidad. Después del pecado de Adán y Eva, ese Jardín ya no era santo. El pecado destruyó la santidad y la perfección del Jardín.

    Sin embargo, Dios proveyó una solución temporal para ellos y sus hijos hasta que viniera la solución permanente. Ellos tenían que sacrificar a un animal perfecto, puro y sin mancha para borrar su pecado. La sangre de ese animal inocente es el precio que Dios demanda para limpiar el pecado del ser humano. Por miles de años, el pueblo de Israel siguió esta regla para su perdón esperando el día cuando llegara el Cordero de Dios habría de quitar el pecado del mundo. Ese Cordero es Jesucristo.

    Jesucristo derramó su sangre inocente en la cruz para pagar por el pecado de todos. Dice Hebreos 10:12: “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un sólo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”.  Se requiere fe para creer esto. Dios ha declarado que debe creer en el sacrificio de Cristo y que nadie será declarado justo por medio de sus obras. Pero el Señor no le obliga a creerlo. Es una invitación que usted puede aceptar o rechazar.

    Si se arrepiente de sus pecados y decide tomar ese paso de fe, su nombre es inscrito en el libro de la vida. Esa inscripción es la que le salva de una condenación eterna en el lago de fuego con el anticristo, el falso profeta y el diablo. No podemos detener el curso de la historia pero si podemos prepararnos para ese encuentro final con nuestro Creador. Mi deseo es que usted ponga su fe en Jesucristo y que cuando lo vea cara a cara sentado en Su trono, rodeado de ángeles, sea un encuentro gozoso y el comienzo de una eternidad maravillosa disfrutando la heredad que Dios ha preparado para los suyos.