Mirad cuál amor nos ha dado el Padre…

"Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios…" 1 Juan 3:1

Por: Miguel Jacinto

Una vez, un padre de una familia acaudalada llevó a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito de que su hijo viera cuan pobres eran las gentes del campo. Estuvieron por espacio de un día y una noche completos en una granja de una familia campesina muy humilde. Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le pregunta a su hijo: ¿Que te pareció el viaje? ¡Muy bonito Papa! ¿Y que aprendiste? Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina a la mitad del jardín, ellos tienen un arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio, ellos tienen las estrellas. Nuestro patio llega hasta la cerca de la casa, el de ellos tiene todo un horizonte. Ellos tienen tiempo para platicar y convivir en familia; Tú y mi mama tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo. Al terminar el relato, el padre se quedó mudo. Su hijo agregó: ¡Gracias Papá por enseñarme lo rico que podemos llegar a ser!

La gran mayoría de nosotros entendemos ser criaturas de Dios, pero esto es solamente un porcentaje mínimo de la herencia infinita que Dios quiere que poseamos. Como criaturas de Dios gozamos de un prestigio sobre los animales y el resto de la naturaleza. Esta naturaleza humana nos limita a lo temporal y nos mantiene alejados del plan y el propósito eternos de Dios. El ser criaturas de Dios nos pone al nivel de una oruga o gusano que vive sobre el árbol y se alimenta de hojas. Pero existe la posibilidad de que ese gusano se convierta en una hermosa mariposa que vuela y se alimente de néctar.

Jesús advirtió a sus discípulos diciendo: “He aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada en ningún modo os dañará. Mas no os regocijéis en esto de que los espíritus se os sujetan; antes regocijaos de que vuestros nombres están escritos en el cielo”. (Lucas 10:19,20). Jesús nos advierte del peligro de enfocarnos en nuestros dones como si eso fuese el propósito de nuestras vidas. Una vez mas, Dios quiere que nos gocemos en la bendición de nuestra salvación eterna y mas aun, en nuestra relación de amor personal con El.

El más grande regalo de Dios para el ser humano es que seamos sus hijos. Dios se convierte en nuestro Padre cuando confiamos en Jesús como nuestro Salvador personal. Juan nos escribe diciendo: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser llamados hijos de Dios”. (Juan 1:12) Cuando Dios llega a ser nuestro Padre comenzamos a gozar de todos los privilegios de los que goza su hijo Jesucristo. Todas las bendiciones y responsabilidades del Reino de los cielos son nuestras también. El amor del Padre ha sido derramado en el corazón de todos los que hemos recibido el derecho de ser sus hijos ¡Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo! ¡Feliz Mes del Padre!