Dichosos los que trabajan por la paz…

Por: Miguel Jacinto

"Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios". Mateo 5:9 (NVI)

Recientemente el estado de Israel firmó un convenio de paz con los Emiratos Árabes Unidos y Bahrein. Este acuerdo sirve como una plataforma para trabajar con otros países de la región y encontrar un entendimiento y colaboración con el estado de Israel. La región ha estado en constante ebullición desde que el estado de Israel fue instaurado en 1948. Los antecedentes bíblicos demuestran que Dios entregó a Canaán a los israelitas como resultado de las promesas a Abraham. Dios permitió la deportación de Israel en el año 70 D.C. en manos del general romano Tito como disciplina por haber rechazado a Jesús como su rey mesiánico. Sin embargo, Dios los regresó a su tierra y los árabes se han opuesto desde entonces.

Lo asombroso de todo esto, es que Israel es el único estado democrático en la región. Todos los países que le rodean son gobernados por reyes o príncipes musulmanes. La base de Israel para buscar la paz con sus vecinos se encuentra en Ezequiel 28:25 que dice: “Así ha dicho Jehová el Señor: Cuando recoja a la casa de Israel de los pueblos entre los cuales está esparcida, entonces me santificaré en ellos ante los ojos de las naciones, y habitarán en su tierra, la cual di a mi siervo Jacob”. Dios ha cumplido la promesa a Israel trayéndolos de regreso para habitar en su tierra. Israel es una nación elegida por Dios para mostrar su poder a las naciones. Ahora le corresponde a Israel extender la mano a sus vecinos para vivir en paz.

Jesús exhorta a sus discípulos, en el sermón de la montaña, a buscar la paz para testimonio de que son hijos de Dios. El modelo por excelencia del verdadero pacificador es Jesús mismo, pues Él vino a hacer la paz entre el Dios santo y el hombre pecador. Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo os la da… “ (Juan 14:27). El costo de la paz, que Jesús logró, fue su propia vida. Su muerte en la cruz expió nuestros pecados que nos separaban de la santidad del Padre. El mundo nos da una paz temporal y frágil expuesta a romperse o destruirse, pero la paz que Jesús nos da es una paz eterna que nos permite una relación de amor con el Padre.

Amigo, si usted todavía no ha experimentado la paz que Jesús ofrece, no espere más. Dios quiere que todos nos beneficiemos del sacrificio de su Hijo en la cruz. El le ofrece borrar todos sus pecados y hacerle una nueva persona. No importa su pasado, hoy mismo haga la siguiente oración creyendo en su corazón: Padre eterno, reconozco que soy pecador y merezco tu castigo eterno. Me arrepiento de todos mis pecados. Te pido que me limpies con la sangre de tu hijo Jesucristo. De ahora en adelante, me comprometo a servirte toda mi vida hasta que tú me llames a Tu presencia. En el nombre de Jesús. Amen.