Navidad Todo el Año

Por Dolly Martin

Es un privilegio tener a mucha de mi familia (tíos y primos paternos) aquí en Houston donde nací. Desde mi infancia, todas las Navidades nos hemos reunido para celebrar el nacimiento del Señor con comida, regalos, música y una reflexión Bíblica. Cuando éramos jóvenes, mis hermanos y primos preparábamos un canto especial, un drama o traíamos instrumentos para acompañar la alabanza. Gracias a Dios, todos somos creyentes así que había un espíritu muy alegre durante nuestras celebraciones. Tengo muchísimos gratos recuerdos de esos años de fiestas navideñas en familia.

Cuando me casé, sentí un vacío y una tristeza porque no sabía como celebrar la navidad con mi esposo de una manera que fuera de agrado al Señor. Tenía la idea de que si no hacíamos algo “espiritual” para el Señor entonces Él estaría enojado con nosotros. Los primeros años traté de obligar a mi esposo a tener un culto familiar juntos el 25 y él muy amablemente me complacía pero yo siempre terminaba deprimida sintiendo que no habíamos hecho suficiente para agradar al Señor.

A los tres o cuatro años de estar casados, expresé mi tristeza y angustia con mi esposo, Rich, y él se sentó conmigo para conversar acerca de como queríamos celebrar la Navidad como pareja. Esa conversación fue liberadora para mi porque Rich me hizo ver algunas cosas acerca de mí misma y acerca de la Navidad que nunca había entendido.
En primer lugar, no encontramos en las Escrituras ningún mandato de cómo debemos celebrar la Navidad. Las únicas ordenanzas que el Señor da a Sus hijos en el Nuevo Testamento son acerca de la Cena del Señor y el bautismo. Nos da detalles específicos acerca de partir el pan y tomar la copa cada vez que nos reunimos para recordar su muerte y resurrección. Pero no dice nada acerca de cómo recordar el nacimiento del Señor. Si Dios hubiera querido que siguiéramos cierto patrón para celebrar su primer advenimiento entonces nos lo hubiera dicho. La ausencia de instrucción acerca de cómo recordar el nacimiento de nuestro Salvador nos dice que tenemos la libertad de celebrarlo “a nuestro estilo.”

En segundo lugar, para el que ha creído en Cristo Jesús, la Navidad es algo que celebramos todos los días en nuestro corazón. Mi esposo me hizo ver que yo me estaba presionando tratando de hacer algo especial para el Señor el día 25 de diciembre pero que esto no venía de Dios sino era algo que yo misma me había impuesto e imaginado.

Soy muy escéptica así que recorrí las Escrituras para ver si lo que Rich decía era verdad y el Señor trajo a mi memoria varios pasajes que confirmaron sus palabras. Uno de ellos es Apocalipsis 3:20 que dice, “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. El Señor desea comunión, una relación, una amistad conmigo. Eso no se logra con un programa especial un día al año. Se logra por medio de la comunicación diaria con Él, leyendo Su Palabra y orando.

Mi mamá me enseñó a tener un tiempo a solas con el Señor a una edad muy temprana y gracias a Dios ese hábito ha sido parte de mi rutina diaria desde entonces. Mi tiempo a solas con el Señor es una hora sagrada que realmente disfruto porque escucho la voz de Dios hablándome, guiándome, corrigiéndome y amándome. Además, uso ese tiempo para volcar mis cargas a los pies del Señor y pedir su ayuda.

Otro pasaje que reforzó el punto de Rich se encuentra en Lucas 10:40-42. “Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”. Note que el Señor le dijo a Marta que sólo una cosa es necesaria. ¿Que es esa cosa? Es estar a los pies del Señor para aprender de Él.

Cuando entendí esto, una enorme carga cayó de mis hombros. Ahora celebro la Navidad todos los días del año. Incluso tengo un juego de porcelana de Navidad que dejo armado en la sala para recordar que todos los días es Navidad. Espero que usted pueda recordar esta Navidad que Jesús al mundo vino en forma de bebé enviado por Dios para reconciliarnos con el Padre. “Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre”. 1 Juan 2:23 Reciba al Hijo de Dios en esta Navidad y tendrá a Dios el Padre también. Feliz Navidad.