La Gran Nube de Testigos

Por: Dolly Martin

El 6 de junio, 2019 fue el 75 aniversario de la invasión de Francia conocida como “D-Day” donde 150,000 soldados de las fuerzas aliadas invadieron las playas de Normandía, Francia para liberar a Europa y a los Judíos de las manos de los Alemanes. Más de 170 veteranos asistieron a la celebración para honrar a sus colegas que murieron ese día y tratar de silenciar las memorias sangrientas que vivieron durante esas 24 horas conocidas como D-Day.

Soldado Russell Pickett

El soldado Russell Pickett de la División 29 de infantería fue uno de los que estuvo presente. El tenía 19 años cuando participó en la invasión de “la playa Omaha” la cual fue la más sangrienta de todas las invasiones y donde se estima que murieron 4,414 personas. Pickett fue herido casi inmediatamente por una explosión y fue transportado de regreso a Inglaterra para su tratamiento. Pero Pickett no se dio por vencido. Al igual que todos estos jóvenes, él amaba la libertad y quería ayudar a liberar a Europa del dominio de Hitler. El juró diciendo, “Yo voy a regresar. Yo voy a regresar.” Seis días más tarde, regresó para unirse de nuevo con sus compañeros y encontró que dos tercios de su compañía había fallecido. Al poco tiempo, una granada le dejó gravemente herido. Pero una vez más, él estaba resuelto a regresar. Resultó herido una tercera vez a tal punto que quedó postrado inconciente en una cama de hospital por 12 días. Russell Pickett tiene 93 años y es el último sobreviviente de su compañía.

Faltaría espacio para hablar de todos los hombres y mujeres que sacrificaron sus vidas en la segunda guerra mundial. La mayoría escribió cartas a sus padres la noche antes de la invasión de las playas de Normandía para despedirse de su familia sabiendo que cuando menos un 50 por ciento de ellos morirían en esa invasión. Estos son grandes héroes dignos de ser recordados por su valentía y sacrificio frente a una muerte segura. Aunque Estados Unidos no había sido invadida por Alemania, nuestros soldados se ofrecieron como “hermanos mayores” saliendo a la defensa de los países que habían caído bajo las fuerzas del ejército Alemán.

Heroes de la Fe

En Hebreos capítulo 11, la Biblia habla de otros héroes que también son dignos de recordar por su fiel servicio al Señor sin acobardarse aun frente a una muerte segura. Grandes hombres como Noé, Abraham, y Moisés; al igual que grandes guerreros como David, Sansón y Gedeón “que por su fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, y taparon bocas de leones.” (versículo 34). El siguiente versículo de este capítulo menciona a las mujeres valientes y termina el capítulo hablando de aquellos cuyos nombres desconocemos pero que igualmente se sacrificaron por la causa de Cristo. “Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados, de los cuales el mundo no era digno.”

 El capítulo 12 de Hebreos llama a estas personas una “grande nube de testigos” que están a las orillas del camino de la vida y nos alientan  a seguir firmes en el camino que ellos ya trasaron y del cual salieron victoriosos. Dicen los versículos 1-2, “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”

Note que Jesús, Dios hecho carne, también sufrió cuando vino a la tierra. Sufrió el rechazo de su propio pueblo y fue clavado en una cruz siendo totalmente inocente. Al igual que los soldados de la Segunda Guerra Mundial y de los otros grandes hombres de fe, él voluntariamente tomó el camino del sufrimiento que el Padre había puesto delante de Él. Jesús murió, pero a diferencia de los soldados y de los hombres y mujeres de la fe, Jesucristo resucitó y se sentó como vencedor a la mano derecha del Padre.

La gran nube de testigos nos insta a arrepentirnos de nuestros pecados y a poner nuestra fe en Jesús quien dio su vida para pagar por nuestros pecados. Cuando deja atrás la vida de pecado y pone su fe en Jesús, Él le limpia, le salva y le recibe como Su propio hijo. Luego le acompaña todo el resto de la vida hasta que toma su último aliento en esta tierra y abre los ojos en el cielo. Él estará allí en la linea de meta para recibirle. Si usted no ha puesto su fe en Jesús, este es el día de salvación para usted. Si ya lo recibió, es hora de armarnos de valentía y de servir al Señor con TODO nuestro corazón, con TODA nuestra alma, y con TODAS nuestras fuerzas; dispuestos a morir, si fuera necesario, por la causa de Cristo. Seamos valientes soldados de Jesús, humildes siervos de Aquel que tanto se sacrificó por nosotros.