El Poder del Amor

Por: Dolly Martin

El libro “Devoción Extrema” relata la historia de un niño de 12 años que le llevó una rosa a un capitán ruso que había encarcelado a sus padres. El jovencito le explicó al agente comunista que era el cumpleaños de su madre y siempre le regalaba una rosa a su madre para su cumpleaños. “Como mi madre me enseñó a amar a mis enemigos y a recompensar el mal con el bien, he traído la flor para la madre de sus hijos en su lugar. Por favor, llévesela a su casa para su esposa esta noche, y háblele de mi amor y del amor de Cristo.”

El Señor usó este acto de un niño obediente para ablandar el corazón endurecido de este soldado porque ya no podía arrestar y torturar a los creyentes como lo había hecho hasta ese momento. En poco tiempo, se encontró en la misma celda maloliente y fría con los cristianos. Les contó del acto de amor de ese niño y como había abierto sus ojos al amor de Dios. (La Voz de los Mártires. Devoción Extrema. Editorial Unilit, 2003.)

El Señor nos manda repetidas veces a amarnos unos a otros. “Un mandamiento nuevo les doy: Que se amen unos a otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes unos a otros”. (Juan 13:24, RVC) Es fácil amar a aquellos que son amables y nos caen bien, pero requiere un poder sobrenatural amar a personas desagradables o incluso abusivas.

Al darnos este mandamiento, Jesucristo se pone a si mismo como ejemplo de la clase de amor que Él pide de sus seguidores. Los líderes religiosos reusaron creer en Él y lo entregaron a las autoridades romanas para ser ejecutado. El Creador permitió que los soldados abusaran de Él físicamente sin quejarse, sin protegerse, y sin pedir clemencia. Nuestro Dios lo hizo en obediencia al Padre y por amor a nosotros quienes éramos sus enemigos.

Cuando creemos en Él como nuestro Salvador, Jesús nos capacita para amar a otros con el mismo amor con que Él nos ama.
1 Juan 4:7-8 dice, “Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Y todo aquel que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor”. (RVA)

Ese niño de 12 años conocía a Dios y pudo reflejar el amor de Dios a ese capitán, a pesar del dolor que sentía por el encarcelamiento de sus padres. No amó por emoción sino por obediencia y eso es lo que el Señor pide de nosotros. Puede ser que aquellos a los que amamos no lo merezcan, pero de igual podemos demostrarles la gracia y la misericordia que hemos recibido de nuestro Salvador cuando lo que merecíamos era el castigo y la muerte.

El amor es una fuerza mayor que deja a nuestros enemigos desarmados. Cuando respondemos al maltrato con amor damos oportunidad para que el Espíritu Santo traiga convicción a su vida. Juan 16:8 dice, “Cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”. (RVA) Nuestra obediencia es un arma en manos de Dios para que las personas endurecidas puedan ser alcanzadas con el amor de Dios.

Tal vez usted es esa persona endurecida que necesita experimentar el amor de Dios. Abra su corazón a Él y reciba el amor incondicional que Él le ofrece gratuitamente. “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros: en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por él”. (RVA) Usted comenzará a vivir cuando acepte el amor de Dios en la persona de Jesucristo.

Si ya es hijo de Dios, recuerde que Dios nos manda a amar a otros. Cuando amamos, Dios obra en el corazón de aquellos que necesitan recibir Su amor. Nosotros somos canales del amor de Dios para aquellos que están lejos de Él. “Y tenemos este mandamiento de parte de Él: El que ama a Dios ame también a su hermano”. (1 Juan 4:21, RVA)