Una Navidad Diferente

Por: Dolly Martin

Cuando leemos acerca de la primera Navidad en las Escrituras, vemos que el mundo estaba patas arriba como se dice en Argentina. César Augusto, declaró que se tomaría un censo de “todo el mundo habitado” (Lucas 2:1). Él era la máxima autoridad del Imperio Romano que en ese tiempo abarcaba la mayor parte del mundo Mediterráneo e incluso más allá. Los Romanos habían conquistado a Israel y el propósito del censo era para gravar a todos sus súbditos. Los impuestos eran altos y mantenían al pueblo Judío al igual que todos en el imperio Romano, en estado de esclavitud al César.

Un Censo Mundial
Para participar en el censo, todos debían viajar a la ciudad de su familia. Por lo tanto, el mundo entero estaba en un estado de crisis cuando José y María viajaron a Belén con motivo del censo. La Biblia dice que José era de la casa y familia de David y por eso le tocó ir a la ciudad de David, Belén. Era un tiempo de crisis mundial, muy similar al que está viviendo todo el globo en el 2020.

No pudimos celebrar la Pascua por la pandemia, pero muchos teníamos la ilusión de que habría una vacuna o de alguna manera se hubiera calmado la propagación del COVID-19 para poder celebrar la Navidad como acostumbramos. Pero no ha sucedido. Al contrario, algunos países han vuelto a implementar cierres debido a un nuevo brote de infecciones. El Gobernador Gavin Newsom de California ha impuesto restricciones para las fiestas Navideñas limitando el número de familiares que se pueden reunir.

Aunque no podremos celebrar el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo como lo hemos venido haciendo, no debemos dejar que esto nos desanime. El cambio de rutina para esta Navidad podría darnos la oportunidad de hacer una fiesta más pequeña, más sencilla, y más reflexiva sobre las condiciones de la primera Navidad. Por ejemplo, Dios tenía la libertad de escoger cualquier año y lugar para cumplir Su promesa de enviar a un Salvador. El escogió a Belén como la ciudad, durante una crisis mundial, al igual que la fecha del evento más trascendental en la historia del mundo.

Una Navidad Diseñada por Dios
Dios escogió esa fecha y esa ciudad desde antes de la fundación del mundo. Gálatas 4:4 dice, “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos”. (énfasis mío)

Los planes de Dios son perfectos y Él no comete errores. Su diseño incluyó enviar a Su amado Hijo al mundo durante un censo mundial que provocó, entre otras cosas, que José y María viajaran a Belén para dar a luz a Su hijo en un establo en vez de en su casa rodeado de sus familiares.

Anormalidades
María no pudo tener a su partera o médico durante el parto. Tuvo que depender de la persona que Dios enviara (posiblemente una partera de Belén) para facilitar el parto. En lugar de estar en su cama, estaba acostada sobre paja. Además, no pudo poner a Jesús en una cuna que José habría hecho ya que él era un carpintero, sino que tuvieron que usar el pesebre que había en el establo. Nada de este parto sucedió como un nacimiento “normal”. Y así fue como Dios lo diseñó. Un nacimiento anormal para Su Hijo, el Salvador del mundo quien vino a rescatarnos de nuestros pecados.

Al celebrar la Navidad de manera “diferente” este año, recordemos estas “anormalidades” del primer advenimiento del Señor Jesús. Tal vez, Dios ha permitido esta pandemia para volver nuestra mirada hacia lo que realmente importa: recordar al Niño de la Navidad y lo que Él significa para nosotros. ¿Es Jesús su Salvador? Él vino para salvar al mundo, pero la salvación no es automática. Usted tiene que recibirla. Hechos 16:31 dice, “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo, tú y tu casa”.

¿Ha creído usted en Él? Si ya lo hizo, celebre al Salvador con gratitud y adoración. Esa es la mejor manera de celebrar la Navidad. Si no lo ha recibido, Él le espera y dice, “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). Tome ese paso de fe ahora mismo y tendrá no solo una gloriosa Navidad, sino una vida eterna con Cristo Jesús. ¡Feliz Navidad!