Una Ceremonia de Graduación Inusual

Por: Dolly Martin

Los estudiantes habían sacrificado tres años y medio de sus vidas para aprender del mejor profesor del mundo. Él no solo les enseñó teoría sino que pudieron observar la vida de su amable maestro y aprendieron no solo de Sus lecciones sino también de Su ejemplo. Doce estudiantes habían comenzado el curso y once llegaron a la ceremonia de graduación la cual estaba tomando lugar al aire libre en el Monte de los Olivos donde Jesús citó a sus discípulos a esperarlo.

Cuando llegó Jesús le preguntaron, “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo”? (Hechos 1:6) Como es normal en una ceremonia de graduación, ellos estaban mirando hacia el futuro esperando el comienzo de una nueva era para ellos y el pueblo de Israel. Ellos esperaban la derrota del opresivo gobierno Romano y la restauración de Israel como un país libre e independiente. Sin embargo, Jesús les hizo ver que la llegada del reino no debería ser su preocupación. Aunque esta no era la respuesta que ellos esperaban, el Señor les informó que en pocos días llegaría otro miembro de la Trinidad para guiarles en la siguiente etapa de sus vidas y su ministerio.

Jesús les había dado varias conferencias acerca del Espíritu Santo, su obra, y su ministerio. Una de estas fue durante la última cena con ellos en el aposento alto. (Vea Juan 14) Sin embargo, como es típico de alumnos en todo el mundo, ellos necesitaron escucharlo de nuevo porque la primera vez no se les había quedado bien clara la lección.

Las últimas palabras de Jesús se registran en Hechos 1:7-8. “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.

Al terminar su discurso final, Jesús se despidió de sus discípulos de una manera totalmente inesperada. Su cuerpo comenzó a elevarse hasta que lo recibió una nube y luego desapareció de sus vistas. Estos hombres se quedaron boquiabiertos mirando al cielo hasta que Dios, en su misericordia les envió dos ángeles para animarles con la preciosa promesa de que Jesús un día volvería. “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”. (Hechos 1:11).

Volvieron a sus casas para esperar la llegada del Espíritu Santo como les había instruido el Señor. Diez días mas tarde durante la Fiesta de Pentecostés, leemos en Hechos 2:2-4, “De repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno  de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo.”

El cambio en los discípulos después de la llegada del tercer miembro de la Trinidad es marcado. Inmediatamente comenzaron a predicar con poder y sin temor. El Espíritu Santo les recordó todas las palabras que su Maestro les había dado y “hablaban con denuedo la palabra de Dios.” (Hechos 4:31). Vemos en ellos el fruto de los tres años que Jesús invirtió enseñándoles y preparándoles para llevar las Buenas Nuevas hasta los confines de la tierra. Todos ellos terminaron dando sus vidas por la causa del Evangelio al igual que su Maestro.

Felicitamos a cada uno que se gradúa este mes deseando que usted cumpla con éxito (al igual que lo hicieron los discípulos) la misión que Él diseñó para usted y por la cual le trajo al mundo. Leemos en Efesios 2:10, “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. Si usted ha creído en Cristo Jesús, entonces no está sólo. El Espíritu Santo es su ayudador y Él le dará todo lo que necesita para terminar lo que ha comenzado. “Estando persuadido de esto, que Él que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. (Filipenses 1:6)