Mary Poppins

Por: Dolly Martin

No soy muy afecta a ver muchas películas, pero recientemente me entró el deseo de volver a ver la película “Mary Poppins” (la original) que salió en los años 60. Esa película fue una de mis preferidas cuando la vi de niña y aun tengo memorizados muchos de los cantos que la protagonista Julie Andrews interpretó. Realmente no recordaba bien la trama de la película y pensé que era una historia inocente de una familia con dos niños un poco traviesos.

Cual fue mi sorpresa cuando la vi de nuevo y me di cuenta que el mensaje principal es que todos los hombres son ignorantes, incapaces o inútiles. Dick Van Dyke, otro protagonista principal, es un fabuloso cantante y sus bailes son impresionantes pero está constantemente desempleado y básicamente lo tildan como un hombre fracasado. El padre de los niños, el Sr. Banks, es un banquero pero a penas toma nota de su esposa y sus hijos. Su trabajo le consume y el poco tiempo que pasa en casa se lo pasa leyendo el periódico. El broche con que pintan al Señor Banks es muy negativo y despreciativo. El vecino de los Banks es el Almirante Boom, un ex-oficial naval, lo cual es una posición sumamente honrada y condecorada. Pero lejos de presentarlo en una luz positiva, digno de respeto, el Almirante Boom provoca lástima. El pasa los días marcando la hora con el disparo de un cañón y todos los vecinos básicamente lo ignoran.

Las mujeres, en cambio, son representadas como las personas más inteligentes, las organizadas y las emprendedoras sin las cuales el mundo no podrá girar. La Sra. Banks participa activamente sin la aprobación de su esposo en el movimiento feminista, la cual trabaja para “liberar” a la mujer de la esclavitud. Aunque desatiende a los niños, ella es presentada con más dignidad que su esposo porque está trabajando para ayudar a la mujer a salir adelante.

Me dio mucha tristeza ver como la película denigra al hombre y enseña a los niños de una manera subliminal que los hombres no son dignos de admiración o respeto. He visto otras películas de esa misma era y muchas presentan la misma enseñanza malévola acerca del hombre. Con razón muchos hombres luchan con su hombría y se vuelven mujeres. El mensaje que reciben de la sociedad es que ellos son inferiores a las mujeres, menos inteligentes, y menos capaces de ser líderes en la familia, en la comunidad y en la nación.

La Biblia, sin embargo, presenta un cuadro muy diferente. Dios creó al hombre, Adán, antes de la mujer y lo puso como administrador de toda la tierra. Adán posiblemente fue el ser más inteligente que jamás haya existido. El nombró a todos los animales y se encargó de cuidar el jardín del Edén que sin duda ocupaba un terreno enorme. Eva, aunque no menos inteligente que Adán, es puesta bajo su liderazgo con el fin de ayudar a Adán a cumplir su tarea de gobernar el mundo.

Creo que muchos de los problemas familiares y sociales serían resueltos si volviéramos a colocar al hombre en el lugar de honor y respeto que Dios le dio en el principio. Los hombres son fuertes físicamente, pero tienen emociones muy frágiles y su autoestima se daña fácilmente. Ellos necesitan y merecen nuestro apoyo, nuestro amor y nuestro respeto. En Efesios 5:33 el Señor manda, “y la mujer respete a su marido.”

El diccionario “Bibliatodo” define “respeto” de la siguiente manera: “Actitud deferente con que se trata a la persona que se juzga digna de estima; reconocimiento y consideración hacia algo o, especialmente, por alguien, en razón de sus cualidades, méritos, oficio, dignidad o autoridad”. Si las mujeres tratáramos a nuestros hombres con respeto y enseñáramos a los niños a respetar a su padre, creo que muchos problemas en nuestras familias serían resueltos.

Cabe notar que Dios no incluye excepciones al mandato en el caso de un esposo irresponsable, duro, mujeriego o borracho. Aunque actúen irresponsablemente, deben ser respetados (honrados) por su posición delante de Dios. Cada hombre va a tener que rendirle cuentas al Señor por la manera en la que manejó a su familia y pobre del que desatienda a su esposa o sus hijos. No quisiera estar en sus zapatos en el día del juicio final.

Por lo tanto, dejemos el juicio en manos de Dios y hagamos nuestra parte para elevar a nuestros hombres, y particularmente a nuestros padres, a su estatus de honor, de dignidad, y de respeto. Damos gracias a Dios por su valentía, su fortaleza y su deseo de guiarnos. ¡Deseamos a todos un muy feliz Día de los Padres!