Debemos también nosotros amarnos unos a otros

Por: Miguel Jacinto

“Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros”. 1 Juan 4:11

Un caballero que pensaba que el cristianismo no era más que una colección de problemas difíciles, dijo en cierta ocasión a un anciano ministro: Es una declaración sumamente extraña: “a Jacobo amé, más a Esaú aborrecí”. Muy extraña replicó el ministro, pero dígame, ¿qué es lo que en ella le parece más extraño? Oh, replicó, eso de que aborreció a Esaú. Vea usted, respondió el ministro, cómo son las cosas, y cuán diferentemente pensamos. Lo que a mí me parece más extraño es que haya podido amar a Jacob. No hay misterio más glorioso que el del amor de Dios, finalizó el ministro. (http://www.encinardemamre.com/premium/a-z/a/amor).

La Biblia nos enseña que la esencia del Creador es amor. Su corazón palpita puro amor. Dios ama a todas sus criaturas tanto las que están en los cielos como las que habitan la tierra. Dios creó al hombre para derramar en él su amor. El profeta Jeremías escribe diciendo: “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” (Jeremías 31:3). Ningún ser humano es tan malo, perdido o insignificante que no pueda ser amado por Dios. Su ternura y compasión por el hombre no tiene límites. Jesús conversando con Nicodemo le dijo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16). Dios nos ha demostrado Su amor al enviar a Su Hijo para salvarnos de nuestros pecados y darnos vida eterna.

Siendo que Dios nos ama incondicionalmente, también nos pide que mostremos su amor hacia los demás. Jesús nos ordena diciendo: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir Su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:44,45). Ahora nos toca a nosotros derrochar ese amor no solamente a los que nos hacen bien sino a aquellos que nos maltratan, porque haciendo esto mostraremos que somos hijos de Dios. El apóstol Juan dice: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:8). Es imposible amar a los demás sin que antes hayamos experimentado el amor de Dios primero.

Amigo, si todavía no ha experimentado el amor de Dios en su vida, le animo a pedirle que se lo muestre. Jesús dijo: “El que tiene Mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:21). El guardar los mandamientos de Dios comienza por confiar en Jesús como su Señor y Salvador personal. Haga la siguiente oración: Padre eterno, gracias por amarme enviando a tu Hijo Jesucristo para morir en la cruz por todos mis pecados. Me arrepiento de todos mis pecados. Confió en Jesús como mi Señor y Salvador hoy. Hazme un hijo tuyo. Me comprometo a obedecerte y servirte toda mi vida. En el nombre de Jesús. Amen. ¡Feliz mes del Amor y la Amistad!