El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán

Por Miguel Jacinto

"El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". Mateo 24:35

El famoso inventor Benjamín Franklin fue invitado a unirse a una sociedad atea de hombres literatos en Francia para el exterminio de la Biblia. El se unió y pronto le llegó su turno de leer una producción literaria ante la sociedad de ateos. Franklin tradujo al francés la historia de amor de Rut y Booz. Cuando Franklin terminó de leerla, y todavía se le aplaudía, el presidente dijo: Doctor Franklin: ¿Podemos publicar su historia de amor? Franklin respondió: Lo siento, no les puedo dar el derecho porque ya ha sido publicada. Entonces, ¿podemos saber dónde fue publicada? Franklin dijo: En esta Santa Biblia que ustedes quieren destruir. Esa declaración fue un golpe maestro que rompió la columna vertebral de la sociedad de ateos, y le dio a Francia otra oportunidad en el mundo. La Biblia es indestructible.

En Génesis capitulo 1, encontramos la narración de como Dios creó los cielos y la tierra. La frase: ‘Y dijo Dios”, enfatiza el poder creativo de la Palabra de Dios. Dios utilizó Su Palabra para traer a existencia lo que no existía. Su Palabra decreta y establece la voluntad del Dios omnipotente. Dios creó todo en seis días de veinticuatro horas. Moisés siendo hebreo utiliza su perspectiva de cuando comienza a contabilizar el día al decir: “fue la tarde y la mañana” del día primero. (Génesis 1:5b). Para los judíos el día comienza desde el atardecer hasta el siguiente atardecer. Lo importante de este relato es que todo lo que Dios creó tiene la tendencia a envejecer o a caducar a causa de la desobediencia de nuestros primeros padres.

Jesucristo se dirigía a sus discípulos hablándoles acerca de los últimos tiempos y de cuando sería el cumplimiento de las profecías acerca de Israel. Su intención era prepararles para la persecución y la destrucción de Jerusalén. Mas aun, había profetizado que había señales para saber que todo acontecería tal y como él lo profetizó. Jesús deseaba que sus discípulos entendieran que la vida en la tierra y el universo era temporal. De manera que al cumplirse sus predicciones al pie de la letra, ellos pudieran estar confiados que sus enseñanzas iban a perdurar eternamente. Jesús les enseñó que la creación física y material estaba a punto de llegar a su fin, pero también les aseguró que sus principios y mandamientos eran eternos.

La importancia de la Palabra de Dios, la Biblia, es que es eterna. Cuando dejemos esta tierra por medio de la muerte, lo único que nos llevaremos es lo que hemos atesorado en nuestro corazón. Los inconversos se llevarán consigo el dolor y la agonía de haber rechazado la Verdad de La Palabra de Dios. Los creyentes, por otro lado, nos llevaremos lo que hemos aprendido y practicado de la Palabra de Dios. Le animo a dedicar tiempo a la lectura sistemática y diaria de la Biblia. Dios usará cada pasaje, cada palabra que usted memorice para transformar cada área de su vida aquí y por la eternidad.