y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia…

Por: Miguel Jacinto

"Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia..." (Isaías 64:6)

Un granjero estaba trabajando en sus tierras cuando llegó un inspector del gobierno.  El inspector le dijo: “Voy a inspeccionar su terreno para asegurarme de que no haya ninguna violación de la ley aquí”. El granjero le dijo: “Muy bien, señor, pero no se meta al campo de atrás”. El inspector sacó su placa de identificación y le dijo: “Yo tengo autoridad para inspeccionar donde yo quiera, y usted no me puede prohibir la entrada a ninguna parte de su terreno. ¿Entendido?” El granjero se disculpó. Luego, volvió a su trabajo. Al rato, se escucharon unos gritos de desesperación. El inspector se había metido en el campo de atrás, y un toro muy bravo lo estaba persiguiendo. En eso, el granjero le gritó: “¡La placa! ¡Enséñele al toro la placa!”

Los seres humanos nos jactamos de ser buenos en esencia. Creemos que no matar y no hacerle daño a nadie es suficiente para que Dios nos aplauda y nos considere dignos de estar en su presencia. Muchos piensan que ir a la iglesia cada semana o de vez en cuando, dar limosnas u ofrendas para ayudar a otros es suficiente para escapar del infierno eterno. Otros se auto-flagelan para probar que son dignos del perdón de sus pecados. Muchos se han comido la idea de que Dios no existe, por lo tanto no se preocupan por hacer lo bueno y lo justo moralmente.

La Biblia, sin embargo, nos advierte que todo esfuerzo humano para ganar el derecho a la vida eterna es inútil. Moisés nos dice lo que Dios opina del corazón del hombre cuando escribe: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. (Génesis 6:5) El Teólogo Andrew Bruce Davidson nos dice al respecto: “La humanidad es, en su conjunto, corrupta; y, correspondiente a esto, cada individuo es inmundo ...” (Davidson, Theology of the O.T. pp. 218, 219).

El apóstol Pablo nos dice: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. (Gálatas 6:7) Complementando la idea de que el hombre tiene la tendencia a hacer el mal, concluimos que el hombre es incapaz de salvarse por si mismo, pues su pecado (maldad) esta en él y lo perseguirá siempre. Esta es una mala noticia para todos los seres humanos.

La buena noticia es que Jesucristo murió por los pecadores. Pablo nos escribe en Romanos: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. (Romanos 5:8) Dios envió a Su Hijo Eterno al mundo para morir en una cruz con el único propósito de salvarnos de nuestros pecados y así construir el puente hacia la vida eterna. Le invito a humillarse delante de Dios, y pedirle que le limpie de todo pecado por medio de la sangre que Jesús derramó en la cruz del calvario. Confíe en Jesús como su Salvador y Señor y comience a disfrutar los beneficios de la vida eterna. !Feliz Semana Santa!