Y Así Josué lo Hizo

En mi lectura de la Biblia en un año estoy atravesando el libro de Josué. Me encanta leer acerca de este gran hombre de Dios. Me imagino que era introspectivo y de pocas palabras. Por cuarenta años él fue el asistente de Moisés y lo seguía como si fuera su sombra. Josué estuvo presente observando en todas las conversaciones entre Dios y Moisés lo cual fue un enorme honor y privilegio. Aparentemente no decía nada cuando Moisés tenía sus encuentros con Dios, pero llegó a conocer al Señor íntimamente.

Cuando llegó la hora de su muerte, Moisés le preguntó a Dios quien sería su sucesor y Dios nombró a Josué. El Señor vio una cualidad importante en este hombre que el busca en cada uno de nosotros: obediencia. Dios sabía que Josué sería fiel en cumplir con todo lo que se le mandó hacer.

Lo que se le mandó no fue nada fácil. Tuvo que pelear contra todos los moradores de la tierra prometida y “destruirlos sin dejar alguno con vida.” Esa fue la orden. El Señor había tenido misericordia de estos pueblos por más de cuatrocientos años pero estos no quisieron arrepentirse de sus pecados. Por lo tanto, el juicio de Dios contra ellos fue severo.

Desde la primera batalla contra la ciudad de Jericó, Josué se dispuso a obedecer sin titubear. Los únicos sobrevivientes en Jericó fueron Rahab y su familia porque escondieron a los espías cuando estos vinieron a conocer la ciudad. De allí en adelante, Josué guió a los Israelitas en batalla tras batalla y en cada enfrentamiento, Josué obedeció las instrucciones que había recibido de Moisés. Leemos en Josué 11:15, “De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés su siervo, así Moisés lo mandó a Josué; y así Josué lo hizo, sin quitar palabra de todo lo que Jehová había mandado a Moisés.”

¿Soy yo tan obediente a Dios como lo fue Josué? Hagamos el firme propósito hoy de cumplir todo lo que Jehová nos manda hacer en Su palabra.