Un Sacrificio Continuo

Por: Dolly Martin

Me esta gustando mucho este nuevo plan de lectura de la Biblia que comencé en enero. He leído la Biblia de principio a fin muchas veces pero nunca lo he hecho siguiendo un plan que salta del Antiguo Testamento al Nuevo Testamento entre cada libro. Acabo de terminar el libro de Números y el siguiente libro en el plan es el libro de Gálatas.

Los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, conocidos como la Torah o la ley, explican en detalle todos los sacrificios que Dios demandó del pueblo de Israel. Cada vez que pecaban, tenían que traer un animal inocente, puro y perfecto al tabernáculo donde ponían sus manos sobre el animal mientras el sacerdote lo degollaba. Luego el sacerdote derramaba la sangre del animal al pie del altar y lo quemaba como una ofrenda de olor fragante al Señor. Esta era la ley establecida por Dios para Su pueblo. Los sacerdotes estaban continuamente día y noche ofreciendo sacrificios en el tabernáculo.

Pero el Nuevo Testamento nos recuerda que la muerte de Cristo Jesús anuló todo ese sistema sacrificial de la ley con sus ofrendas continuas. Jesucristo fue el último y gran sacrificio que cumplió una vez y por siempre toda la demanda de Dios para el perdón de nuestros pecados. Leemos en Hebreos 10:11-14, “Todo sacerdote ministra día tras día, y una y otra vez ofrece los mismos sacrificios, los cuales nunca pueden quitar los pecados. Pero Cristo, después de ofrecer una sola vez un solo sacrificio por los pecados, para siempre se sentó a la derecha de Dios, y de ahí en adelante está en espera de que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies. Él, por medio de una sola ofrenda, hizo perfectos para siempre a los santificados”.

Leer el Antiguo Testamento junto con el Nuevo Testamento me ayuda a apreciar más el gran sacrificio que Jesús hizo por mi, librándome de cumplir la ley con todos sus reglas y estatutos. Nunca podremos comprender cuan grande es el amor de Jesús por nosotros que le motivó ofrecerse como un sacrificio vivo a nuestro favor. A diferencia de los animales que eran matados compasivamente, sin que sintieran dolor ni sufrimiento, Jesús permitió ser maltratado, abusado, y ridiculizado de una manera inhumana. La Biblia describe el trato que nuestro Salvador recibió a manos de los líderes religiosos y los soldados Romanos lo cual Hollywood ha tratado de visualizar en varias películas. Sin embargo no creo que ninguna película pueda comunicar el amor que llevó a nuestro Señor a entregar su vida por nosotros.

¿Qué podemos hacer para merecer el sufrimiento indescriptible del mismo Dios que nos creó y que podría habernos exterminado por nuestra rebelión, pero en lugar de ello nos redimió con su propia muerte? El nos instruye en Hebreos 13:15 de un nuevo sacrificio que desea de sus seguidores. Dice, “Por lo tanto, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de Jesús, un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de labios que confiesen Su nombre”. (RVC)

El Señor esta vivo. El resucitó al tercer día y esta sentado a la mano derecha del Padre esperando el día señalado cuando vendrá por segunda vez a la tierra para conquistar al diablo y echarlo junto con sus seguidores al lago de fuego. Mientras tanto, Él espera escuchar de nosotros palabras y canciones de alabanza y gratitud por lo que Él hizo por nosotros. Eso no solo lo glorifica a Él sino que también nos ayuda a mantener nuestra mente en las cosas de arriba y no en las de la tierra. Nos protege de amar al mundo y las cosas del mundo y nos libra de preocupaciones innecesarias por cosas que pronto pasarán al olvido.

Seamos personas agradecidas y expresemos continuamente nuestra gratitud a Jesucristo con nuestros labios. Ya sea con un canto o con nuestras palabras, Él recibe nuestro “sacrificio de alabanza” como un olor fragante en Su presencia.