“No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.”

Por Miguel Jacinto

"No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento." Lucas 5:32 (RVR1960)

Guillermo Dawson refirió en cierta ocasión esta historia para ilustrar cuan humilde debe de mostrarse el alma antes de que pueda hallar la paz con Dios. Cuenta que en unos cultos de avivamiento, un jovencito dijo a su madre al volver de uno de los cultos: Madre, don Fulano de Tal, esta arrepentido y buscando la paz con Dios; pero no la encontrará esta noche. Su madre le preguntó: ¿Porque dices eso, hijo? El hijo respondió: "Porque solo tenia doblada una rodilla, madre; y no hallara la paz mientras no doble las dos. Y en verdad, mientras la convicción de pecado no nos humille por completo, y hasta que perdamos toda confianza en nosotros mismos no podremos hallar al Salvador.

En una ocasión, Jesús se encontraba con sus discípulos en Galilea, y las personas venían a él para ser sanados de sus enfermedades. Luego de sanar a un paralítico se encontró con Levi, un recaudador de impuestos. Al verlo Jesús lo llamo diciendo: "Sígueme. Al instante dejándolo todo le siguió". (Lucas 5:27,28) Ese mismo día Levi ofreció un gran banquete a Jesús y a sus discípulos,. También invitó a otros recaudadores de impuestos y personas amigas. Los fariseos y escribas se presentaron a la fiesta y cuestionaban a sus discípulos porque Jesús se reunía con pecadores.

Jesús aprovechó la oportunidad para enseñar y aclarar que no había venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento. Jesús aclara que los justos no necesitan arrepentirse, sino los pecadores. Esto tiene doble implicación. Primero, Jesús hecho mano del sarcasmo al usar el termino "justos" para referirse a los "fariseos y escribas", pues ellos se auto proclamaban aprobados por Dios. Lo cual es típico de cualquier religión. Segundo, contrario a los sectarios están los "pecadores", personas que reconocen su necesidad del perdón de Dios por sus pecados.

Jesús vino a llamar a los pecadores al "arrepentimiento". Lucas usa el termino "metanoia" (del griego μετανοῖεν, metanoien, cambiar de opinión, arrepentirse, o de meta, más allá y nous, de la mente). El arrepentimiento es un cambio de mentalidad respecto que el hombre no es bueno sino que es pecador.
Su pecado le lleva a la condenación y separación eterna de Dios. El ser humano recibe la limpieza espiritual, y la vida eterna al reconocer su pecado, pedir perdón a Dios y confiar en el sacrificio de Jesucristo en la Cruz del Calvario por sus pecados.

El arrepentimiento es la obra sobrenatural del Espíritu Santo. Jesús dijo: "Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio". (Juan 16:8). El apóstol Pedro nos dice que Dios quiere que todos nos arrepintamos de nuestros pecados cuando escribe: "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento". (2 Pedro 3:9)