Enfrentando los Cambios

Por: Dolly Martin

La Señora Gómez (nombre cambiado) está pasando por una etapa muy difícil en su vida con muchos cambios. Desde que murió su esposo, asumió todas las responsabilidades del cuidado de sí misma y de sus pertenencias. Arnoldo y Anita Gómez estuvieron casados por 58 años y fueron muy felices habiendo criado a tres hijos en el temor del Señor. A los ochenta y seis años, ella gozaba de buena salud y todavía manejaba su auto, pero sabía que vendría el momento en que necesitaría cuidado. Anita y su esposo se habían ido a vivir a Arizona después que él se jubiló y tenían un grupo íntimo de amigos en la iglesia donde asistían fielmente.

Sin embargo, ninguno de los hijos o nietos de Anita viven en Phoenix por lo que sus hijos le instaron a mudarse a Houston donde viven dos hijos, cinco nietos y seis bisnietos. Empacó sus pertenencias, vendió su bella casa en Phoenix, se despidió de sus amigas íntimas y se mudó a Houston a una pequeño apartamento de vida independiente pero con la opción de asistencia de vivienda si llegara un día a necesitarlo.

La Señora Gómez sabiamente escogió enfrentar los cambios en su vida antes de que llegara a tener una crisis de salud donde ya no pudiera valerse por sí misma. Aunque dejar sus amigas en Phoenix fue doloroso, comenzó a desarrollar nuevas amistades en Houston. Tuvo que encontrar nuevos doctores, y buscar nuevas amigas. El cambio no ha sido fácil para Anita pero con su fe en el Señor y la ayuda de sus hijos ella logró hacerlo sin perder su optimismo y su sonrisa.

Una vez establecida en su nuevo apartamento, Anita comenzó a visitar a mi iglesia y siempre que la veía tenía una enorme sonrisa. Cuando le pregunté acerca de como le iba con todos los cambios en su vida, ella me confesó que no ha sido fácil pero que con la ayuda del Señor se está acostumbrando a su nueva vida en Houston.

Los cambios y el estrés son partes de la vida y no pueden ser evitados. Sin embargo, el estrés se puede minimizar si logramos adaptarnos al cambio. Tal vez tengamos que reorganizar nuestra vida, aprender una nueva habilidad, o buscar nuevas amistades.

La mayoría de las personas cuando llegamos a una edad madura vamos a necesitar algún tipo de asistencia a medida que perdemos movilidad. Los hombres en particular luchan con admitir que necesitan usar un andador o una silla de ruedas. Algunos entran en una depresión profunda de la que nunca se recuperan. Otros se vuelven una amenaza a la sociedad porque siguen conduciendo cuando ya no pueden ver bien. Llegar a una edad madura no es para cobardes.

Si usted está en una etapa de cambios en su vida, una de las verdades a la que puede anclar su vida es al hecho de que Dios nunca cambia. Leemos en Números 23:19, “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre, para que se arrepienta. ¿Lo ha dicho Él, y no lo hará?, ¿ha hablado, y no lo cumplirá?” (LBLA, La Biblia de las Américas) El falso profeta Balaam dijo esto inspirado por el Espíritu de Dios cuando Balak, Rey de Moab le llamó para maldecir al pueblo de Israel después de que los había bendecido. Aunque Balaam era un profeta falso quien normalmente usaba la adivinación y la brujería para hacer sus profecías no pudo maldecir a Israel porque Dios le ordenó bendecirlos. Tres veces volvió a preguntarle a Dios si podía maldecirlos y tres veces recibió la misma respuesta porque Dios no cambia de opinión.

El Señor dice de sí mismo en Malaquías 3:6, “Porque yo, el Señor, no cambio.” (LBLA)

También leemos en Santiago 1:17, “Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación.” (LBLA)

Si su vida está en estado de fluctuación, le invito a aferrarse al Señor Jesucristo quién es una ancla firme en medio de la más violenta tormenta. Él le sostendrá con su brazo fuerte y le ayudará a mantenerse en tierra firme aun cuando sienta que esta rodeado de arena movediza. Confíe en Él.

Admiro mucho a la Señora Gómez y espero que si el Señor me permite llegar a esa edad, pueda ser tan valiente como ella lo ha sido y pueda adaptarme a los cambios con la misma fe y confianza que he visto en ella.