La Fiebre

¿Qué es lo que origina la fiebre?  La fiebre es una elevación de la temperatura del cuerpo que generalmente está relacionada a la estimulación del sistema inmunológico.  Este sistema es la defensa más importante que tiene el organismo frente a las agresiones de virus, bacterias y otras substancias. Al luchar contra un intruso uno de los mecanismos que utiliza es la fiebre.  Sin embargo, la infección no es lo único que la causa. Esta condición puede apoyar al intento del sistema inmunológico cuando este trata de obtener ventaja sobre los agentes infecciosos, lo cual hace que el cuerpo sea un lugar menos favorable para la multiplicación de virus y bacterias que son sensibles a los cambios de temperatura.  El hipotálamo, situado en la base del cerebro, actúa como el termostato del cuerpo. Sus funciones son iniciadas por substancias bioquímicas llamadas pirógenos que fluyen por el torrente sanguíneo y que se originan en los sitios donde el sistema inmunológico ha identificado algún problema.  El tejido del cuerpo fabrica los pirógenos, pero muchos agentes patógenos los producen también.  Una vez que el hipotálamo detecta estas substancias químicas, entonces le ordena al cuerpo que genere más calor, aumentando así el metabolismo y reteniendo el calor mediante la reducción del flujo sanguíneo periférico, lo cual produce la fiebre.  Se dice que “Hay que alimentar a un resfriado y restringir todo alimento cuando hay fiebre”.  ¿Debería una persona con fiebre comer poco o nada como dice el refrán?  Si, porque durante el período de fiebre, todas las funciones corporales están ocurriendo a través de mucho estrés fisiológico.  Si se provocara la digestión  bajo tales condiciones estimularía excesivamente al sistema nervioso parasimpático cuando el sistema nervioso simpático ya está muy activo.  Como resultado, es posible que durante una fiebre el cuerpo pudiera malinterpretar algunas substancias absorbidas por el tracto como alergenos.  Algo asombroso que la comunidad médica aún no logra entender es la manera en la que el sistema inmunológico reconoce específicamente y reacciona agresivamente a un número ilimitado de macromoléculas diferentes provenientes del exterior, mientras que evita reaccionar en contra de las decenas de miles de macromoléculas hechas por las células del propio cuerpo.  Leemos en el Salmo 100:3 de la Palabra de Dios: “Reconozcan que el Señor es Dios; Ël nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos. Pueblo suyo somos, y ovejas de Su Prado.”