¡Vivir muy cerca del Padre, es creer en Aquel, al que Todo le es Posible..!

La persona que tiene a Dios en el corazón, es la única verdaderamente invencible. ¡Y pensar que a veces, hay más disposición para ver la situación angustiosa que la credibilidad para ver por encima de ella! Y esto también tiene que ver con la Fe y la dependencia del Verdadero Padre de todo cristiano. Incluyendo a aquellos que no conocieron o no contaron con los abrazos de un padre terrenal, por diferentes circunstancias.

Cuando era un niño la gente mayor se acostumbró durante mucho tiempo a preguntarme cómo había muerto el mío, pero aquello que se fue haciendo divertido, con el paso del tiempo, terminó lacerando más de lo debido mi corazón. El tema fue recurrente hasta que la vida estableció distancias con ellos, y junto a mis hermanas, quité la mirada de aquel lugar y comencé a recibir el soporte del Portentoso Padre que es Dios. Una confianza sencilla, inamovible, pero imperceptible, comenzó a "vivir" en el corazón sin saberlo, hasta que llegó el día de su llamado personal. Fue entonces que se produjo la sustitución de los recuentos entre lo que pudo ser y no fue, para reconocer la Fe, preservada en el corazón, por la que debía escalar hasta alcanzar la certeza de no perderla nunca más...

Por nada de este mundo. Por eso, en días grises y oscuros de la vida, siempre será mejor preservarla como el tesoro más grande, apelando a la oración y el reconocimiento del auténtico Padre. Disponible para todos. Irreconocible para muchos. Pero, más Poderoso que cualquier tentación o peligro.

Por eso, una tarde reciente mientras me dirigía al Programa Meta Final, disfrutando de mi Historia Preferida, que aunque es para niños, me la he apropiado. Me sentí un Carlos Lindbergh, primer piloto en volar sin escala entre Nueva York y París, revolucionando los viajes por aire, al confiar en Dios y desafiar a los expertos del pasado.   Caminando con Dios y sus enseñanzas, con el oído atento  y en obediencia, y siempre dispuesto a conservar las fuerzas en los más rudos altibajos de la vida. Por algo a Cristo, le interesó más que Pedro tuviera capacidad para retener su fe y no se interpuso entre Pedro y el fracaso; pero sí entre él y la pérdida de su Fe. Honremos al Padre Supremo, primero; para poder honrar también a los Padres en su día.