Viviendo libre de las adicciones físicas, emocionales y espirituales

Hay varias clases de vicios o adicciones que afectan al ser humano. Siendo que somos individuos tripartitos existen vicios o adicciones que afectan específicamente a ciertas áreas de nuestra vida. Existen vicios que afectan al cuerpo, al alma y al espíritu, pero todos traen consecuencias destructivas para nuestras vidas.

Las drogas, el alcohol y la comida parecen afectar directamente el área física de nuestras vidas. El consumo indiscriminado de drogas prescritas o ilícitas pueden convertirse en un problema crónico de nefastas consecuencias si no se tiene cuidado. El Alcohol es una bebida adictiva cuyo consumo incrementa constante y en mayores cantidades hasta romper la barrera de la dependencia total. Los endulzantes en las bebidas llamadas "colas,"  y los saborizantes que se agregan a las comidas chatarras atrapan el deseo de la persona a comer mas de lo necesario y/o porciones mas grandes.

El alma humana, que se compone de emociones, intelecto y voluntad, también puede ser afectada por las adicciones. Las emociones dependen mucho de factores externos. Si el día esta nublado nuestra tendencia es sentirnos igual. Si permitimos que los demás o lo externo controlen como nos sentimos, entonces estaremos sufriendo de la co dependencia emocional que nos llevará a un estado de auto conmiseración. Creeremos que el propósito de nuestra existencia es complacer a los demás. Nuestra vida dependerá de la aprobación de los demás o de lo que nos hace sentir bien.

La adicción espiritual es un poco mas compleja para detectarla. Viene a raíz de un falso conocimiento de Dios y su Palabra. Pensamos que Dios es como un policía que nos persigue día y noche para golpearnos en la cabeza cada vez que quebrantamos una ley divina. Esto resulta en el llamado fariseísmo. También podemos ir al otro extremo de pensar que Dios es un como un abuelo alcahueto que nos permite hacer lo que queramos sin tener ninguna consecuencia, lo que nos lleva al libertinaje destructivo.

La clave para evitar vivir una vida controlada por las adicciones es que cada día consagremos nuestras vidas al servicio exclusivo de Dios. El apóstol Pablo escribió diciendo: "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo." (1 Tesalonicenses 5:23)  Pablo también escribe a los Romanos diciendo; "Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional." (Romanos 12:1)