Principios Valiosos

“Cuando Jefte volvió a su hogar en Mizpa, salió a recibirlo su hija, bailando al son de las panderetas”.
(Jueces 11:34) NVI

La historia de Jefte irrumpe en la época de los jueces en Israel. Su historia es tanto heroica como trágica. Su padre Galaad lo engendró con una ramera. Su hermanos lo echaron de su casa para no compartir con él la herencia de su padre. Durante su juventud se juntó con malhechores y se convirtió en un poderoso guerrero. Tiempo después, los ancianos de Galaad le pidieron que los ayudara a liberarse del yugo de los amonitas.

Jefte accedió a liderar a Israel contra los amonitas, pero en su desesperación hizo una promesa a Dios que le quebrantó el corazón para el resto de su vida.  La Biblia nos narra que Jefte hizo un juramento solemne a Dios diciendo: “Si verdaderamente entregas a los amonitas en mis manos, quien salga primero de la puerta de mi casa a recibirme, cuando yo vuelva de haber vencido a los amonitas, será del Señor y lo ofreceré en holocausto.” (Jueces 11: 30,31) NVI.

Este valiente guerrero salio victorioso de la guerra contra sus enemigos, pero su éxito militar se vio oscurecido a causa de su irresponsabilidad y egocentrismo contra su familia. El texto bíblico nos dice que cuando regresaba a su casa, su hija salió a recibirlo, y de inmediato se dio cuenta del desastre que había traído a su familia. Sin embargo, su hija no se resistió a cumplir tal promesa, sino que le pidió dos meses para alejarse a las montañas con sus amigas para llorar su desgracia y dolor.

Siendo que Dios no permite el sacrificio humano, y tampoco existen evidencias de que esta doncella hubiese sido sacrificada en holocausto, es de esperarse que ella nunca se casó y que haya sido entregada virgen al servicio del Señor hasta que muriese. Esta joven fue privada de tener un esposo y una familia.

Esta triste historia nos da a los padres principios valiosos para el bienestar familiar. En primer lugar, entendamos que Dios no nos obliga a hacerle promesas que causen dolor y sufrimiento a nuestra familia. Segundo, aprendamos a no interferir en los planes soberanos que Dios tiene para nuestros hijos. Tercero, enseñemos a nuestros hijos a servir voluntariamente a Dios porque esto trae mayor honra y gloria al nombre del Señor. !Feliz Día de los Padres!