Por Sendas Antiguas o Modernas Autopistas: a Moisés y los Profetas Tenemos ¡Obedézcamos!

"A Dios sea la gloria, por lo que ha hecho por mí". Esto se suele cantar en las iglesias y repetimos en oración palabras similares. Así agradecemos las instancias recorridas en caída, luchas y obediencias.

Escogidos antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos, habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo. ¿Habría El de dejarnos solos en los tiempos que vivimos, a riesgo de ser confundidos? ¡Definitivamente NO! Estamos "fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad", nos recuerda Colosenses 1:11.

Ya la semana de Pascua o recordación ha pasado. Quedan retiñendo ecos de representaciones que nos trasladaron a distancia prudente y abreviada de aquel sufrimiento padecido por nosotros. La cruz nos removió de la distante agonía, a los pactos de puerta abierta en la Esperanza con Dios.

Después de haber gritado ¡El Vive...! resuenan sus primeras preguntas ya predicadas en la Iglesia: ¿Por qué lloras? y ¿A quién buscas? Porque el sufrimiento humano persiste, a pesar del cielo abierto, bajo los techos de hogares, oficinas, gobiernos, naciones y continentes. La velocidad no sólo llegó para cruzar el mundo en menos tiempo, sino también afecta al hombre y la mujer; al niño y al adolescente. La catarsis entre el miedo y la compasión, son tan efímeras, que de la Adoración y la Fe, somos trasladados a la desolación y el temor, en tan solo segundos...

Por lo tanto, es el momento de actuar en base a la obediencia. Ejemplos hay muchos, desde los tiempos del Antiguo hasta el Nuevo Testamento y el Todopoderoso dejó provisión justa y necesaria. La Escritura dice: "Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán y de estar en pie delante del Hijo del Hombre".

El mejor método, por supuesto es por medio de los profetas. Como fue mostrado en los evangelios, la tumba vacía testifica que resucitó. Apareciendo y haciendo preguntas. Pero, es Lucas, el que mejor describe la angustia del rico, al pedir que le fuera enviado Lázaro para refrescar su lengua. Y ante el fracasado intento personal, se acordó de sus cinco hermanos y quiso evitar que llegaran a enfrentar el mismo tormento.

La respuesta de Abraham fue: "A Moisés y a los profetas tienen; Óiganlos. Desesperado el rico insistió: Si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Abraham concluyó: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos".

¿Donde están los profetas? Encuéntralos en tu Biblia, hoy mismo...A ellos debemos obedecer, porque cumplen con el trabajo encomendado por Dios, desde el tiempo de las sendas antiguas.