Mi Mentora

Mi esposo y yo estuvimos orando por casi tres años acerca de un cambio importante en nuestras vidas que sentíamos era del Señor. Los dos estábamos de acuerdo de que el Señor nos estaba guiando en esta nueva dirección y habíamos visto evidencias de Su inconfundible mano llevándonos y mostrándonos Su voluntad. Estábamos a punto de lanzarnos en esta nueva aventura, pero ambos estábamos nerviosos por los cambios que esto provocaría.

Por lo tanto, decidimos orar juntos cada noche pidiendo al Señor que nos diera una última confirmación para que estuviéramos cien por ciento seguros que estábamos caminando en la dirección que Él deseaba para nuestra vida. No sabíamos como nos iba a contestar, pero nos tomamos las manos y comenzamos a orar con toda confianza basándonos en Proverbios 3:5-6 que dice, “Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas”. (NVI) (énfasis mío).

Después de cinco días de orar juntos cada noche (además de orar durante el transcurso del día por separado) me encontré conversando por teléfono con mi mamá acerca de varios temas. Le compartí que estábamos esperando en el Señor por una última confirmación de Su voluntad y siendo ella conocedora de la situación me comentó sus observaciones. Su intención no era tratar de convencerme de lo que deberíamos hacer, pero mientras escuchaba sus observaciones casuales, escuché la inconfundible y apacible voz de Dios avisándome de que esta era Su respuesta a mis oraciones.

Me puse tan contenta, llena de gratitud al Señor y al colgar el teléfono compartí con mi esposo los comentarios que mi madre había hecho. Esto nos llevó a una conversación prolongada en la que recordamos juntos todas las maneras en que Dios nos había guiado durante los últimos dos años y medio y ambos quedamos completamente satisfechos de que esta era la respuesta por la que habíamos orado. Dios usó a mi madre como Su instrumento para responder a nuestra plegaria y su consejo nos dio la confianza para lanzarnos en esta nueva dirección ministerial.

Doy gracias a Dios por mi querida madre y porque todavía tengo la dicha de contar con su amistad, sus oraciones y su sabio consejo. Ella modela las instrucciones que Dios dio a las mujeres mayores en Tito 2:3-5: “A las ancianas, enséñales que sean reverentes en su conducta, y no calumniadoras ni adictas al mucho vino. Deben enseñar lo bueno y aconsejar a las jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos, a ser sensatas y puras, cuidadosas del hogar, bondadosas y sumisas a sus esposos, para que no se hable mal de la palabra de Dios”. (NVI)

Aunque es bueno tomar cursos de la Biblia, el Señor sabe que necesitamos ver personas modelando la vida cristiana y por eso exhorta a las mujeres ancianas a ser las maestras de las jóvenes. Sus experiencias son sumamente valiosas y cuando las ponemos en practica nos evita caer en los errores que ellas cometieron. Si usted es una mujer anciana, le insto a obedecer el mandato de nuestro Dios. ¡Usted tiene una responsabilidad muy importante! Nuestra juventud se esta perdiendo en la inmoralidad, el lesbianismo, y el aborto. Usted debe pararse en la brecha para defender la Palabra de Dios y sus principios.

Si usted es una mujer joven acérquese a la mujer mayor que Dios ha puesto en su vida. Ella no es perfecta, pero tiene mucho que le puede enseñar. Hágase amiga de ella y busque sus consejos. Dios se la ha dado para ayudarle a ser una esposa y madre exitosa. ¡Feliz día de las Madres!