La remisión

“Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.” Hebreos 9:22  (RVR1960)

Se cuenta que el conde de Polignac debía muchos favores a Napoleón, sin embargo le traicionó. Bonaparte ordenó su arresto, teniendo una carta en la cual el conde se comprometía en un complot político. La señora Polignac solicitó y obtuvo una audiencia del Emperador durante la cuál pidió clemencia para su marido. Compadecido, Napoleón le enseño la carta diciendo: “Tomadla, es la única evidencia legal que existe contra vuestro marido.” La señora tomó con ansia aquella prueba de culpabilidad y la arrojó a las llamas liberando a su amado esposo.

La Biblia establece en el Antiguo Testamento que había tres formas de limpiar las cosas: agua, fuego y sangre. En el libro de Génesis leemos que Dios limpió (destruyó) la maldad de los seres humanos por medio del diluvio (agua) en los días de Noé. (Génesis 9-11) En el futuro Dios purificará esta tierra y el universo por medio del fuego como nos advierte el apóstol Pedro: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cuál los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.” 2 Pedro 3:10 (RVR1960) Ambos juicios se enfocan en limpiar la maldad del hombre malo y perverso que rechaza a Dios.

La tercera forma de limpiar la maldad y el pecado del hombre es la sangre. El libro de Levítico dice: “Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.” Levítico 17:11 (RVR1960) Dios estableció el sistema sacrificial de animales puros para limpiar el pecado tanto de un individuo como del pueblo de Israel. Cabe señalar que la expiación era temporal siendo que era una figura del Cordero de Dios que habría de venir, es decir, Jesucristo.

El autor de la epístola a los Hebreos nos enseña que Dios toma muy en serio el problema de nuestros pecados. Por esta razón, Dios envío a Su Hijo Unigénito para derramar Su sangre preciosa como el pago que saldaría la deuda eterna de nuestros pecados. Su sangre santa y pura es el único medio que Dios acepta para perdonar nuestros pecados. Reconozca que la sangre de Jesús fue derramada en la cruz para limpiar todos sus pecados. Acepte a Jesús como su Salvador y Señor personal para que sus pecados sean perdonados de una vez y para siempre. ¡Solamente así tendrá sentido celebrar la Semana Santa!