La Fe de una Madre

En la cultura judía, la madre es la que manda en el hogar. Ella es la que mantiene la familia unida y aunque el padre es el que provee el sostén para la familia, defiende la familia ante las autoridades y el que intercede por los suyos ante Dios, la madre es la que todos obedecen en casa. Un ejemplo de esto es la manera en que los judíos celebran el "Shabbat" o "Día de Descanso". En el estado moderno de Israel, cada viernes es un día de preparación para el sábado que es un día santo de descanso. Los hombres visitan el mercado con una lista en mano preparada por su esposa mientras ella se queda en casa alistando todo para la cena.

En la tarde, toda la familia (incluyendo hijos casados y nietos) adoran a Dios en la sinagoga y después disfrutan de una abundante y gozosa cena familiar. Es una tradición que cada familia judía ha celebrado por muchos milenios y ayuda a mantener a la familia unida espiritualmente y emocionalmente.

Hay muchos ejemplos en la Biblia de madres judías que fueron grandes heroínas de la fe y una de ellas es la mujer Sunamita en 2 Reyes 4. La Biblia no nos da su nombre pero la describe como una mujer "importante" de la ciudad de Sunén que tenía un corazón tierno para con Dios. Esta hambre de Dios se ve reflejada en la manera en que busca y ayuda al profeta Eliseo. Aparentemente, la ciudad de Sunén se encontraba en la ruta por la que pasaba frecuentemente el profeta y ella siempre le invitaba a comer en casa con ella y su esposo. Obviamente, ella era la que mandaba en ese hogar aunque su esposo era un hombre mayor y respetado en la comunidad.

Esta Sunamita le pide a su esposo que construya una habitación en la terraza para que el profeta pueda quedarse a dormir con ellos cuando pasare por la ciudad. Esto sin duda fue un proyecto costoso pero el esposo no se opone al pedido lo cual indica que la familia estaba acomodada económicamente.

El primer día que el profeta Eliseo se queda en su nuevo cuarto privado, de gratitud a la Sunamita él le profetisa que para el siguiente año tendrá un niño en sus brazos. Aunque nunca se lo había expresado al profeta , tener un hijo habría sido el anhelo mas grande de esta mujer porque su esposo era mayor y su hijo sería el que la cuidaría en su vejez una vez que su esposo muriera.
Tal como el profeta le dijo, esta mujer de fe queda embarazada y da a luz un hijo. Pero cuando el niño era aun pequeño, tal vez de 4-5 años, este niño se enfermó y murió el mismo día y aquí es donde sale a relucir la fe tan grande de esta mujer. Ella se monta en un burro y viaja 20 millas al Monte Carmelo donde ella sabe encontrará al profeta. Aparentemente hacía ese viaje con frecuencia porque su esposo no cuestiona que ella quiera visitar al profeta, sino que pregunta porque lo quiere hacer cuando no es un día festivo. Ella no da explicación y el le concede su deseo de que un siervo le acompañe a ver el profeta.
El profeta la reconoce cuando la ve venir y sospecha que hay un problema por lo que manda su siervo Guejazí a investigar. Pero ella no se detiene hasta que llega en frente del profeta y le pregunta, "¿Acaso yo le pedí un hijo a mi señor? ¿No dije, más bien, que no te burlaras de mí?" (2 Reyes 4:28, RVC).

Aunque Eliseo envía a Guejazí con su bastón a la casa de la Sunamita, ella insiste en que el profeta venga personalmente a su casa y él accede. Sin duda, ella tenía fe de que el podía resucitar a su hijito aunque hasta ahora el profeta nunca lo había hecho. Su predecesor, Elías había resucitado el hijo de una viuda en una situación muy similar (1 Reyes 17) y ella sabía que si alguien podía regresarle su hijo sería Eliseo.

Este gran hombre de Dios llega a la casa y se encierra en su cuarto con el niño muerto. Siguiendo el ejemplo de su maestro Eliseo primero ora al Señor implorando por la vida de este pequeño y después la Escritura dice que se estira sobre el cuerpo del niño y se mantiene allí hasta que el cuerpo del niño entra en calor. Se levanta pero el niño no se despierta. No sabiendo que mas hacer, vuelve a estirarse sobre el niño y esta vez el chiquito estornuda siete veces y abre los ojos.

No hay duda que Dios permitió esta tragedia en la vida de la Sunamita por que Él quería que el pueblo judío supiera que Eliseo tenía la misma unción que Elías. La Sunamita era un instrumento en manos de Dios para que Él recibiera gloria por medio de este milagro. Ella no había hecho nada malo, Dios no le estaba castigando como algunos piensan cuando surge una tragedia sino que Dios sabía como esta mujer iba a reaccionar y se aprovechó de su fe para obrar un milagro en la vida de su hijo.

¿Tenemos nosotros la fe de esta Sunamita? Dios dice en Hebreos 11:6, "Sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que sabe recompensar a quienes lo buscan." (RVC). Dios quiere que usted primero crea en Su Hijo Jesucristo para la salvación de su alma. Ese es el punto de partida de una vida de fe pero no termina allí. Dios quiere que viva continuamente poniendo su fe en Él para todo. Dice en Hebreos 10:38, "Pero el justo vivirá por la fe; y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Si usted se ha vuelto duro contra Dios, arrepiéntase y vuelva a tener la fe que tuvo en un principio, la fe de la madre Sunamita.