El Incienso

Cuando uno entra en una casa, una de las primeras cosas que nota son los olores. El olor a comida en el horno, o un jarrón de flores frescas son atractivos, mientras que el olor a sudor, ropa sucia o comida podrida es desagradable.

Hace unos meses una amiga me recomendó un vaporizador que esparce un aroma por medio del vapor. Se llena el tanque con agua tibia y se añade unas gotas del aceite esencial que uno prefiera. Cuando uno lo enchufa en la pared, inmediatamente se empieza a llenar la casa del dulce aroma que uno escogió y sigue  el vapor fragante hasta por cuatro horas.

Me encanta mi vaporizador y lo uso regularmente para que mi casa siempre tenga un olor fragante y atractivo. He comprado varios aceites esenciales diferentes para usar con mi vaporizador. Algunos aceites tienen propiedades medicinales mientras que otros son estrictamente para dar un olor agradable a la habitación. El que mas uso es el de lavanda porque lo prendo de noche antes de apagar la luz y me ayuda a relajarme para poder dormir plácidamente. También tengo uno que es de eucalipto que pienso usar en el invierno cuando uno  tiene problemas respiratorios.

A Dios también le gusta que su casa tenga un olor agradable y nos da instrucciones muy específicas acerca de un incienso que los sacerdotes debieran quemar en el tabernáculo cuando vagaban por el desierto del Sinaí y luego en el templo. En Éxodo 30: 7-8, "Cada mañana, cuando Aarón prepare las lámparas, quemará incienso aromático sobre el altar, y también al caer la tarde, cuando las encienda. Las generaciones futuras deberán quemar siempre incienso ante el Señor."

Además de quemar incienso cada mañana y cada noche, Dios también ordenó que cuando el sumo sacerdote entraba al Lugar Santísimo una vez al año, debía entrar con incienso ardiendo para llenarlo de humo. Leemos las instrucciones de Dios en Levítico 16:12-13, "Luego tomará del altar que está ante el Señor un incensario lleno de brasas, junto con dos puñados llenos de incienso aromático en polvo, y los llevará tras la cortina; colocará entonces el incienso sobre el fuego, en presencia del Señor, para que la nube de incienso cubra el propiciatorio que está sobre el arca del pacto. De esa manera Aarón no morirá."

El incienso es producto del árblol Boswelia Cateri que crece en el sur de Arabia y ha sido  comercializado por mas de 5,000 años. Se cosecha por medio de cortar la corteza del árbol y dejar que salga el líquido que se endurece y se convierte en una sustancia pegajosa como goma. La resina es digerible y se ha usado en el Norte de África y en Asia para mejorar la digestión y para el cutis. También se ha usado por cientos de años para tratar artritis, sanar heridas, para fortalecer el sistema hormonal de la mujer y para aliviar problemas respiratorios. En el tiempo de Jesús, el incienso era valioso. Una libra de incienso se vendía por $500 en comparación con una libra de oro que se estima tenía un valor de $600.

No debería sorprenderle entonces que los reyes magos quienes adoraban al Dios revelado en el Antiguo Testamento, trajeran consigo incienso y mirra para ofrecer al niño Dios en la primera Navidad. Estos reyes conocían a su Dios y sabían que cuando uno se presenta ante Dios, debe hacerlo con un olor fragante. Me imagino que María quemó ese incienso tan pronto se fueron los reyes para transformar ese maloliente establo en un lugar con mejor olor, digno del Rey del universo. Además lo habrá guardado como parte de su botiquín de primeros auxilios para ayudar a curar cualquier enfermedad que sufriera Jesús en su infancia.

Aunque Dios escogió una pareja joven con recursos limitados para ser los padres terrenales de Jesús, Él les suplió de una manera sobrenatural con valiosos y costosos regalos para cuidar de Jesús. El Señor hará lo mismo para usted porque Él siempre cuida de los suyos. El mayor problema que usted tiene es su pecado porque éste le impide tener acceso a Dios. Dios es santo y usted debe ser santo para entrar en Su perfecta presencia. Jesucristo, Dios hecho carne, derramó su sangre para limpiarle de todos sus pecados. Solo tiene que creer en Él, confiar en Él, y recibirlo como Su Salvador. Jesucristo es su mejor regalo navideño. Recíbalo y Él convertirá su vida maloliente en un olor fragante para Dios como dice 2 Corintios 2:15, "porque para Dios somos grato olor de Cristo."

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