El Anuncio Tentador

A mi esposo le gusta mirar a los catálogos. El recibe por correo una varios catálogos y uno de sus pasatiempos es sentarse con uno de sus catálogos y mirar los anuncios. Es rara la noche que no se acuesta con alguna de estas revistas en sus manos para mirar las ofertas detalladamente.  Afortunadamente no es un comprador impulsivo porque si no estaríamos en la bancarrota, pero le gusta mirar y estar informado de nuevos aparatos, nuevas tecnologías, y almacenar ese conocimiento en su cabeza por si algún día le sirve esa información para algo.

Cuando recién nos casamos, yo no entendía ese afán por leer catálogos pero a través de los años he aprendido el valor de ese pasatiempo. En ocasiones yo me he visto frustrada por no poder hacer algo en el jardín (mi pasatiempo favorito es trabajar en mi huerta) y cuando le he comunicado mi frustración, el ha sugerido comprar algo que el vio anunciado en uno de sus catálogos. Yo ni sabía que existía ese producto porque no tengo tiempo ni me interesa mirar estas revistas.

Recientemente vi un anuncio en uno de sus catálogos por un producto que tapa el fraguado manchado con una formula que se seca  rápido, es resistente al agua y se puede aplicar con una rueda pequeña del tamaño del fraguado entre los azulejos. Cuando lo vi, inmediatamente me interesó porque el fraguado en mi casa esta todo manchado y se ve muy feo. Incluso ofrecen tres diferentes colores por si uno quiere cambiar el color del fraguado. El anuncio usó una táctica tan vieja como el mundo mismo para seducirme: la vanagloria.

Dios nos advierte en Su palabra de tres maneras en que podemos quedar atrapados en lazo y tentación. Dice en 1 Juan 2:15-17, "No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre. Porque nada de lo que hay en el mundo los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida proviene del Padre sino del mundo. El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre".(NVI).

La raíz de los problemas del ser humano es amar al mundo (su sistema) y amar a las cosas que están en el mundo. El Señor nos advierte que no podemos amarle a El y a la vez amar al mundo. Después explica las tres cosas que el mundo usa para enamorarnos: los malos deseos, la codicia, y la arrogancia. La versión Reina Valera traduce arrogancia como vanagloria. El anuncio en la revista apeló a mi arrogancia y vanagloria para seducirme a comprar el producto para que mi azulejo luzca mas atractivo.

El mundo se rige por apariencias porque mira lo exterior mientras que Dios mira el corazón. No me mal entienda; tener una casa (un piso) más atractiva no es algo malo. Al contrario, un cristiano debe tener un hogar limpio, ordenado, perfumado, y bien decorado. Pero podemos convertir nuestro hogar en un ídolo y preocuparnos más por hacer relucir las cuatro paredes de nuestra casa que por hacer que la paz y el amor reine en los corazones de los que viven allí..

La estrategia de apelar a los malos deseos, la codicia, y la arrogancia son las que Satanás empleó para seducir a Eva a comer del fruto prohibido en el Jardín del Edén. Funcionó con ella porque su corazón se llenó de malos deseos: ella quería ser igual a Dios. Si ese no hubiera sido su deseo, la tentación no hubiera tenido poder sobre ella. Ella no cayó porque el diablo la tentó; ella cayó porque la tentación sacó a luz lo que había en su corazón.

Tu y yo caemos en pecado y vicios cuando amamos al mundo mas que a Dios. Cuando amamos al mundo, nos preocupa ser atractivo al mundo, ganar el respeto del mundo y ser popular en el mundo. Cuando amamos a Dios más que al mundo, la opinión del mundo pierde importancia y las tentaciones del mundo no nos seducen.

Si usted se siente atrapado por alguna tentación o vicio, le animo a examinar su corazón y orar la oración del Salmista David que dijo: "Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno". (Salmo 139:23-24, NVI).