Corazones Duros

Dos jovencitas llegaron a la mesa de Radio Amistad con risas y sonrisas porque escucharon las grabaciones que estábamos tocando de personas que habían llegado a probar ser locutores. Como todos, las dos tenían miedo de probar algo nuevo. Una se veía que quería probar hacer una grabación pero la otra que era más colérica tenía miedo y desanimó a la primera. Después de usar todos mis poderes de persuasión para animarles a probar, desistí y decidí mejor compartir con ellas el cubo evangelístico.

Las dos escucharon con atención a la presentación del evangelio y cuando les pregunté si querían poner su fe en Cristo para limpiar sus pecados, una dijo que sí. Esta joven tenía un corazón tierno y era evidente por su expresión que estaba interesada en las cosas espirituales. La otra joven, sin embargo rechazó la invitación del Señor y comenzó a poner excusas. La mayor excusa fue que era muy pecadora y que no quería ser hipócrita. Yo le expliqué que Jesús vino a salvar pecadores, no a justos. El se encarga de limpiar nuestras vidas porque nosotros no podemos hacerlo. “Seguramente usted ha probado de reformar su vida y no ha podido” le dije. Traté por varios minutos de convencerle a venir a Cristo tal como estaba pero ella se rehusó. Se cerró completamente a todo lo que yo le decía. Después cuando regresé a la primer jovencita, ella se cohibió. Desistí y las dejé ir después de entregarles un tratado y orar por ellas para que el Señor las iluminara.

Me dio tristeza ver el corazón duro de esta señorita pero el Señor mismo se enfrentó a aquellos que se habían endurecido cuando Él les predicaba, aun después de haber visto Sus milagros de sanidad. En Marcos 3 leemos que Jesús entró en la sinagoga en un día de reposo “y había un hombre allí que tenía una mano seca.” (Marcos 3:1, RVR 1960). Jesús les hace la pregunta, “¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida o quitarla? Pero ellos callaban.” El silencio de estos fariseos muestra que sus corazones estaban endurecidos. Cuando Jesús le mandó al hombre extender su mano y fue restaurada, ¿cuál fue la reacción de estos lideres religiosos? Dice la Escritura en Marcos 3:6, “Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra Él para destruirle.” (RVR 1960).

Uno pensaría que el Dios Todopoderoso habría podido cambiar los corazones de estos hombres, pero el Señor no tiene interés en torcer nuestro corazón y nuestra voluntad para que le sigamos. Él nos ha dado libre albedrío para escoger seguirle o rechazarle. De otra manera seríamos robots simplemente siguiendo órdenes. Lo que Dios desea es tener una relación íntima con nosotros, una amistad, un compañerismo y eso no se consigue con manipulaciones. Él nos atrae con amor, pero si nosotros endurecemos nuestro corazón, Él no nos obliga a hacerlo. Nos deja escoger el camino ancho que lleva a la perdición.

Tal vez usted ha estado orando durante muchos años por algún ser querido para que el Señor le toque el corazón y venga a los pies de Cristo. Es posible que un hijo se haya alejado de la familia y del Señor pero sepa que aunque no ve respuesta, Dios escucha sus oraciones y Él está obrando. Él usa Su poder para llevar sus familiares y amigos al arrepentimiento, pero no los obliga a hacerlo.

Si usted ha estado sintiendo la mano del Señor en su vida, pero ha endurecido su corazón, le animo a rendirse. La paciencia del Señor es larga, pero un día se acabará y usted se verá frente a frente con el Todopoderoso. En ese día no habrá excusa que sirva ante la evidencia de su amor para con usted. Hoy es el día de salvación. Confíe en el Señor Jesucristo y comenzará a gozar una nueva y preciosa relación con Él.