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“Con amor eterno te he amado; por eso te sigo con fidelidad…” Jeremías 31:3
Recientemente hemos escuchado la confesión de dopaje, del que en su momento fue considerado el mejor ciclista de todos los tiempos, Lance Armstrong. El tejano ha reconocido que sin la ayuda de substancias prohibidas habría sido imposible ganar siete veces el Tour de Francia. En otras palabras, según Armstrong, el hacer trampa es algo necesario para alcanzar las metas personales. Estas declaraciones han estallado como bomba atómica y muchos son los que se golpean el pecho. Sin embargo, Armstrong es precisamente el reflejo de la condición moral y espiritual que impera en el mundo entero.
El Profeta Jeremías dirige su mensaje a un pueblo malo, mentiroso, violento, injusto y terco de corazón, males cuya raíz se haya en la infidelidad a Dios. El profeta anuncia las consecuencias desastrosas del juicio divino por la conducta pecaminosa de Judá. Pero, aun en medio de tanta oscuridad, las promesas de salvación emiten un brillante destello de esperanza.
El anuncio de que Dios reestablecerá su pacto con Israel nos muestra la calidad del amor de Dios por su pueblo. Dios es un padre amoroso que castiga la maldad, pero sin destruir a sus hijos. El amor de Dios es mayor que todos nuestros pecados juntos. Su amor es tan grande y profundo que no podemos agotarlo. El único requisito para gozar de su amor es que nos humillemos ante su grandeza y misericordia.
Amigo, no siga buscando amor donde no lo hay. La Biblia dice que Dios es amor. Este amor es eterno porque es la esencia misma del Dios eterno. Deje su orgullo y acepte el amor, el perdón y la misericordia que Dios le ofrece por medio de la obra redentora de su Hijo Jesucristo. Comiese hoy mismo a disfrutar del amor de Dios. ¡Feliz Día del Amor y la amistad!
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