Todos los días, dos veces al día, el gigante repetía el mismo discurso. “¿Para qué están ordenando sus filas para la batalla? ¿Por qué no escogen a alguien que se me enfrente? ¿Si es capaz de hacerme frente y matarme, nosotros les serviremos a ustedes; pero si yo lo venzo y lo mato, ustedes serán nuestros esclavos y nos servirán.” (1 Samuel 17:8-9).
El hombre más alto del ejército era el Rey Saúl, pero su estatura no le daba el valor que necesitaba para hacerle frente al gigante Goliat. Día tras día los soldados Israelitas escuchaban al paladín con el mismo desafío.
Saúl había ofrecido a cualquiera que se ofreciera a luchar contra Goliat a su hija en matrimonio y su familia estaría libre de pagar impuestos. Pero esta carnada no sirvió para convencer a tan solo un soldado a hacerle frente al gigante. Todos los soldados estaban tan atemorizados como lo estaba el Rey Saúl.
David llegó un día justo cuando Goliat estaba dando su discurso. Su padre le había enviado con algo de comida para sus tres hermanos que estaban en el ejército Israelí. Al escuchar las palabras amenazantes de Goliat y las blasfemias contra el Dios de Israel, David se puso molesto. “¿Quién se cree este filisteo pagano, que se atreve a desafiar al ejército del Dios viviente?” (1 Samuel 17:26)
Comenzó a preguntar a uno y otro soldado que recompensa tendría el soldado que se ofreciera a matar al gigante. David no podía creer que todos estos soldados fuertes y valientes no se habían presentado para liquidar a Goliat y terminar con la guerra.
La reacción de David a las amenazas de Goliat fue completamente opuesta a la de Saúl y el resto del ejército. La Biblia dice de ellos, “Al oír lo que decía el filisteo, Saúl y todos los israelitas se consternaron y tuvieron mucho miedo.” (1 Samuel 17:11).
¿Por qué tuvo David tanto valor cuando el resto se ponía a temblar? ¿De donde sacó David tanta valentía? Cuando el Rey Saúl le hizo esta pregunta a David, el responde, “A mí me toca cuidar el rebaño de mi padre. Cuando un león o un oso viene y se lleva una oveja del rebaño, yo lo persigo y lo golpeo hasta que suelta la presa. Y si el animal me ataca, lo sigo golpeando hasta matarlo. Si este siervo de Su Majestad ha matado leones y osos, lo mismo pude hacer con ese filisteo pagano, porque está desafiando al ejército del Dios viviente. El Señor que me libró de las garras del león y del oso, también me librará del poder de ese filisteo.” (1 Samuel 17:34-36).
Durante años, David había aprendido a confiar en el Dios VIVIENTE para ayudarle a combatir contra los enemigos de su rebaño. David había comprobado una y otra vez que Dios le dio las fuerzas para vencer al león y al oso, ambos mas grandes y mucho mas fuertes que el. David no tenía temor porque sus ojos no estaban en el enemigo, sino en su Dios quien nunca le había fallado.
Goliat se rió de David cuando lo vio. Insultó a David, y al Dios de David. Esto le dio a David aun más coraje y seguidamente, con solo una pequeña piedrita mató a Goliat.
Años mas tarde, David escribió el Salmo 1 versículos 2 y 3 la fórmula para el éxito en la vida. Dice, “Dichoso el hombre que….en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!
Durante largas horas en el campo a solas con las ovejas, David meditaba en la Palabra de Dios. Estas meditaciones fueron las que le llenaron de valentía, fortaleza y un espíritu triunfador. El conocía al Dios de la Biblia y no importaba quien o que viniera en contra de el, David sabía que el Dios Viviente estaba allí con el para defenderle.
Si usted quiere ser exitoso en la vida, use la fórmula de David. Invierta tiempo meditando en el libro sagrado. Conocerá al Dios de la Biblia y El se encargará de prosperarle en todos sus caminos.